A la deriva

A LA DERIVA

Jéssica de la Portilla Montaño.

Somos una ola que va a la deriva en la mente del otro. Eres un charco que hago un océano cada que respiro. Vamos a la deriva como una partícula de polvo en el viento. Sin dirección ni destino, como un remolino que arrasa recuerdos. Soy tu risa incómoda, la
travesura que nunca confiesas. Eres mi biografía, un momento cursi mirando a la Luna. Sigo esperando algún día mirar tu reflejo.

Haces olas y mareas, a la deriva. Yo lanzo piedras al charco que me traga hasta las rodillas.

Así vamos los dos, a la deriva, cada quien por su lado.

A la deriva, y en algún punto muerto tal vez nos encontramos.

No existe frase que no hayamos dicho, no existen sueños que no hemos soñado. Fuimos un accidente geográfico, un volcán extinto, un secreto olvidado. Eres personaje ficticio, jamás exististe, te inventé en mi insomnio.

Forrest Gump inverso

Forrest Gump inverso

Jéssica de la Portilla Montaño.

Eras lindo a lo Forrest Gump. No muy guapo, no muy feo, no brillante, no tan menso. Sonriente, muy sonriente, a veces sumiso y siempre correcto. Pero yo fui la única que te veía como si fueras lo máximo, aventurero y mediocre soñador en ciernes, un espécimen adorable y desconocido para bailar por primera vez con un hombre en un antro que terceras personas improvisaron sin drogas, sin alcohol y sin sexo.

Pronto me di cuenta de que cambias de gustos como otros cambian de pantalón. Casi diario te interesaba conquistar a otra, a cualquier otra chica, sin importar el que ella te quisiera o no. Ibas por ahí, dibujando caricaturas con rosas blancas de papel maché. Las palabras nunca se te dieron, así que guardabas las mías para exprimir su perfume, reciclar las ideas y plagiar mis sentimientos para otra chica, cualquier otra chica que en ese momento conquistara tu atención. Ibas por ahí, enredándote con cerdos de Guinea y lagartijas con lentes, durabas un par de días con tus nuevas mascotas antes de arrojarlas fuera de tu balcón. No eras malvado, solo un tanto indiferente.

Mientras tanto yo fui como Jenny, incluso antes de comprender mis motivos; pero en mi película jamás escapé porque en todas partes te veía y caminaba sin rumbo ni prisa pero siempre en continua búsqueda. Y conocí a millones de Forrest que me consolaron temporalmente, a muchos les hablé de ti y seguí caminando hasta encontrar otros brazos porque los tuyos siempre estaban ocupados.

Pasó la onda oscura, el paz y amor de visuales en tercera dimensión. Tú viviste tu mundo y yo viajé por el mío sin necesidad de moverme. En mi historia es Forrest Gump el que muere, no logra cosas notables ni conoció presidentes. En mi historia Jenny sigue viva.

Ansiedad – Jéssica de la Portilla Montaño.

ANSIEDAD

Daría lo que fuera, lo mucho o lo poco que tengo, lo que aún me queda con tal de que me consueles una vez más, con tal de poder recurrir a ti cada que necesito una salida que otros tachan de sencilla, una simple forma de olvidar que se supone que ya maduré, que ahora sí tengo responsabilidad que cumplir.

Sólo desearía elegir una vez más cómo es que quiero caer y con qué, el arma que utilizaré para seguir mutilando mis entrañas y también mi cabeza. ¿Por qué de pronto es tan complicado hacer lo que debo, y no lo que necesite para fingir no sentir?

Quisiera perder el sentido del tacto. Ansiedad.
Ahora es cuando extraño esa única mañana o tarde en que desperté de anestesia: no recuerdo si acaso soñé, pero sí que fue lindo no saber dónde estaba ni quién era. A veces extraño el derecho a estar deprimida y sin esperanza, llorar porque pasa una mosca y porque tengo que matarla para que nadie más lo haga.
Quisiera tanto tenerte de nuevo en una cajita secreta, poder mirarte y que la boca se me haga agua porque no quiero tocar, no porque de antemano sé bien que de nuevo echarás a perder mis esfuerzos de ser una persona normal, de ser quien no dependa de nada ni nadie. En cuanto te desaparezco reniego de ti, yo misma soy quien tira a la basura tus pocos restos que guardé para devorar cuando en serio en serio me hicieras falta, para atascarme otra vez hasta perder la razón. Ansiedad.
Yo que rogué volverme loca porque creí que era mejor que sentirme así, Dios, mi “distimia de adolescente” que me sirvió para tres cosas. ¿Por qué carajos comencé a escribir sobre esto si lo que menos deseo es recordar?
Claro que te agradezco por haber hecho humo los últimos diez años o más, ya no sé, hay miles de sucesos difusos que se perdieron en alguna zona de mi neblina mental. ¿Qué caso tiene hacer nada si nuevamente llegaré a este punto en que quisiera no ser, no estar, morirme una semana como decía Sabines?
Y sé que justo es ahora cuando debo ser fuerte y no dejarme llevar por el ansia que aún me provocas tú y todo lo que se parezca a ti. Da igual, simplemente da igual porque quiero buscarte cuando estoy triste o porque tengo algo que celebrar, porque quiero aventar el mucho o poco dinero que tenga con tal de sobornarte, con tal de que ya no me dañes y que todo sea como antes, cuando comencé. Nunca creí que se cumplirían las nefastas profecías ajenas, que en verdad ibas a resultarme peor que mi enfermedad; nunca creí que esas obvias verdades son negadas sólo por quienes no saben lo que es estar en el fondo del agujero y con ganas de que te caiga el piano de la caricatura Acme.
Poco a poco comprendo (¿ya para qué?) que mi necedad de ti es una idea que yo solita creé, me tragué una mitología donde eres algo milagroso que me curará de cualquier mal pero no, no fue así. Han sido al menos ya seis veces en que no la veía llegar y sin embargo estoy aquí, lamentando pendejadas como el no ser valiente, lamentando cada una de mis quejas siendo que existen otros más jodidos y con más mierda irreversible que cargar. ¿Cuántos años llevo ya tratando de superarte, de hacerme la ilusión de que no fuiste más que alegría artificial que no pude atrapar para mí?
Sólo debo dejar que transcurran veintisiete horas, sobrevivir día tras día agradeciendo porque puedo abrir los ojos aunque vea borroso entre lágrimas idiotas. Mientras seguiré riendo anónimamente de quienes caen en tu misma trampa, de quienes no escarmienten en cabeza ajena habiendo cientos de películas que hablan de que sólo hace falta pisar una cárcel, maldita sea por siempre mi obsesión de ti. Sólo la cárcel y una tumba sin lápida para que nadie se burle porque terminé ahí, como antes tanto soñé.
¿Por qué son tan críticos los primeros días, los primeros meses? Ni siquiera eres tú, hace tiempo me di cuenta de que sólo me gustas durante un tiempo límite. Ya me da igual si te sustituyo y froto la primera lámpara de Aladino que aparezca frente a mí. Nunca tuviste sentido, sólo desperdicié mi tiempo acosándote, googleando información sobre ti cuando ya la sabía de memoria. Por eso espero no volver a abrir mis venas para encajarte a la fuerza, aunque no me atreva jamás a desgarrarlas de nuevo por más berrinches insoportables que haga.
Yo que te elegí por sobre todas las cosas, carajo, yo que dejé mi vida por un objeto inanimado que olvidó su alma para que yo me perdiera en esta ansiedad cuesta abajo que no termina, no termina…

Sorry I missed your life.

Sorry I missed your life.

Jéssica de la Portilla Montaño.

 

A veces me quedo así, con la tele encendida pero en silencio, escuchando a lo lejos las risas de fiestas a las que no me invitaron. A veces tomo cientos de fotos que con nadie comparto, miro publicaciones sin comentarlas, descarto muertes de personas que jamás me conocieron y que tampoco supieron que existo. A veces tarareo las canciones de mis borrachos vecinos y sus amistades de rato, esos que ni saludo y que tampoco harán nada si un día me asesina un intruso. Vivo mi nula realidad sin más ruido, paso desapercibida y Sigue leyendo Sorry I missed your life.

Dicen que soy depresiva… (Hashtag: Depresión / Deprimida / Deprimente / Depresiva)

Dicen que soy depresiva.

Que soy deprimente porque estoy deprimida. Dicen que soy hormonal, una reina del drama, que no llegaré a cumplir cierta edad. Que no tengo el menor talento. O que tengo demasiado pero lo desperdicio en cuestiones absurdas.

Dicen que es culpa de mi padre.

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Otros tiempos

Otros tiempos

Eran otros tiempos cuando teníamos todo al alcance de nuestras manos.  Éramos jóvenes, guapos, exitosos, atléticos. La vida era una fiesta, Dios nos favorecía.  De vez en cuando algún extraño nos  decía cuánto nos admiraba, y los amigos  no hallaban qué más regalarnos porque teníamos todo al alcance de nuestras manos: un arsenal de venenos anímicos, botellas de vitaminas melosas o histéricas pero jamás aburridas, revistas de moda con nuestro nombre perdido en algún pie de foto. Gente que no recordamos nos buscaba para ser Sigue leyendo Otros tiempos

Si estás pensando en suicidarte

Si estás pensando en suicidarte

Jéssica de la Portilla Montaño.

Ilustración: Distimia (Dysthymia).

Jéssica de la Portilla Montaño.

A Enzo
por casi quince años debatiendo.

 

 

Si estás pensando en suicidarte
debes saber:

No existen motivos
para no hacernos daño.

Si realmente lo deseamos
nadie más puede impedírnoslo.

¿Crees que el dios que te abandonó en la Tierra
te admitirá en su gloria del cielo?

No existe una razón para estar aquí.

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Sueño recurrente: Amigos imaginarios (Texto experimental)

Desde niña tuve un sueño recurrente:

Volar sin alas luego de correr para tomar impulso y dar un salto enorme… Entrar a cualquier estación del Metro, ir a la taquilla para pagar los dos pesos de mi boleto, recorrer el andén lleno de globos y de payasos que me invitan a conducir el convoy siempre y cuando no abra los ojos, al fin el transporte ya ha sido programado por geniecillos en computación que con algoritmos incomprensibles pretenden evitar accidentes causados por negligencia humana… Lo mejor de todo es que el Metro que yo conduzco termina volando, primero gracias a imanes que lo hacen levitar, después por mi mero deseo de escapar de un túnel oscuro.

El sueño que más recuerdo, y que me ha perseguido por años, tiene que ver con ardillas moradas. Un montón de ardillas moradas que me siguen a todas partes, así como a Homero Simpson y a otros personajes de caricatura se les aparecen de pronto un Homerito blanco y muy bueno, vestido de ángel navideño con poco presupuesto, y un Homerote rojo y negro, con sus infaltables cuernos en la frente y una larga cola terminada en triángulo.

Las ardillas van detrás de mí todo el tiempo, sin importar lo que yo haga o piense.

No sé cuándo comencé a verlas, a imaginarlas o lo que sea. Las primeras noches –o bien: los primeros días, porque en mis sueños generalmente hay luz solar, o un arco iris o más estrellas que en cualquier video de la web de la NASA– me hablaban todas al mismo tiempo: “Haz esto. No hagas lo otro. Sonríe. Quieta. Cállate. Di algo. ¿Estás segura? Te tomas la vida demasiado en serio”.

Llegué a temerle tanto a esas malditas ardillas que preferí dejar de dormir. Adiós a mis sueños.

Investigué en internet, mi niñera favorita, y ahí descubrí que en la farmacia podía comprar sin receta aspirinas con cafeína…

Continuará.

Recuerdos: Una chispa de nostalgia en medio de la inmensidad virtual

Una chispa de nostalgia en medio de la inmensidad virtual

Cuando tenía quince años, tal vez uno más tal vez uno menos, me gustaba llegar del colegio y encender la computadora. Bajaba miles de imágenes tuyas, el fotolog de tu novia era mi página de inicio. Recibía automáticamente toda actualización en el correo. Y pasaba horas buscando tu nombre en distintos portales, copiando poemas con seudónimos desconocidos…

Y pensaba que no podía haber otra niña en el mundo ni la mitad de enamorada que yo. Nadie comprendería todas esas “cosas” que sólo tú me hacías sentir. Pero las horas se hicieron días y estos se convirtieron en meses. De pronto crecimos. Y ahora no sé si estás perdido en alguna telaraña de internet.

Yo dejé de escribir tu nombre luego de regalarle tu recuerdo a cualquier desconocido. Un amor imposible no es único y tú eras especial porque yo te hice así, me gustaba la nostalgia con que decorabas mi vida. La verdad es que nada gané pero tampoco perdí. Estamos a mano a fin de cuentas.

Muchas IP anónimas leen estos caracteres sin preguntarse para quién han sido redactados. Pero no olvides que poblé el mundo con personajes ficticios para que algún día nos extrañaras. Todo esto existió solamente para ti, ¿puedes creerlo? La diferencia es que ya a nadie le interesa saber quiénes fuimos ni quiénes somos.


 

Más que recuerdos, este texto es parte del respaldo de este intento de blog.

Según mi horroroso archivo de base de datos sql, lo publiqué aquí en TodoMePasa.com el 11 de diciembre de 2007. Lo publico ahora con la palabra “Recuerdos” porque, sí: Yo sé que le puede traer algunos recuerdos, gratos o no, a una o dos personas que lean esto.

Probablemente también le traería algunos recuerdos a la persona que inspiró estas líneas… Pero por más que hago memoria de aquellos días, no logro descifrar a quién se lo dediqué. Verdad de Dios que no tengo idea. En realidad lo que me gustaría saber es con qué imagen lo ilustré…

Y como sigo sin saber cómo subir aquí mi fabuloso archivo de sql, estaré publicando de vez en cuando algún texto de antaño.

Cuentos infantiles cortos… No creo…

¿Cuentos infantiles cortos? No lo creo…

Sigues fantaseando con imposible ausencia.

Sólo un masoquista entiende el placer de un último dolor, uno dulce del que no te arrepientas. Una molestia pasajera trastocada en alivio al eliminar tu inefable parlamento de la biografía de los demás.

Son los otros quienes sí brillan, quienes son protagonistas.

Has pasado temporadas inventando pretextos. Tu personaje desaparece a cuentagotas, se desvanece, se esfuma línea a línea. A veces haces acto de presencia; el resto de las funciones tú misma te has ido borrando del imaginario colectivo, de la farándula, de las marquesinas. Son contados los otrora entusiastas que aún evocan tu seudónimo artístico, tu notoriedad intranquila… y seguramente son aquellos que, si se los permitieras, con gusto te escupirían cuánto, cuánto aborrecieron tu actuación.

La indiferencia es lo de menos: los fracasos se cobran y la melancolía se ignora mucho antes de que un aprendiz en potencia decida interpretarte un maldito día cualquiera, aparecer en un escenario árido imitándote en un sala sombría y poblada de sonrisas estúpidas.

Cuentos infantiles cortos,  se arrastraba por los rincones en busca de Barbies
…se arrastraba por los rincones en busca de Barbies…
Fue culpa de una cincuentona engañada y de un bailarín canceroso el haberte dormido sin un epitafio, rodeada de velas apagadas y de colegas que nunca te trataron como merecías y que sólo en tu imaginación se preguntan cómo pudiste, oh, tú que lo tenías todo físicamente hablando y lo desperdiciaste, tú que asesinabas con gusto cada intervención que te correspondía y que echaste por la borda la obligación de aprovechar el talento otorgado por una fuerza que Nietzsche mató.

Fue culpa de los ángeles de Rius, fue tu inexistente protección divina que no te advirtió de no hacer caso a una canción que aún recauda millones en regalías. Fue apenas una tira de tabletas de uso diario, que hoy se encuentran en casi cualquier botiquín casero y que en aquel lejano entonces tenían cierta sustancia que ahora haría tus delicias.

Fue culpa de quién… de quién no…

Y ese beso de buenas noches que debió velar a diario tu sueño, que debió leerte cuentos infantiles cortos, cortísimos, de un lobo tierno que fue asesinado por Cenicienta se acabó, que debió cobijarte y protegerte de ese otro besito infantil e inocente que hoy mandaría a la cárcel a un muerto, a una hiena que nació cadáver y que en aquel entonces se arrastraba por los rincones en busca de Barbies para contagiarles en voz baja, tan baja, su interna y dilatable putrefacción.

No más cuentos infantiles cortos para ti, ni cuentos infantiles largos, interminables, eternos…

Ya casi es hora de bajar el telón. Despídete luego de agradecer los aplausos y los abucheos.

El valor de un compuesto químico

el valor de un compuesto químico
Un compuesto químico: pastillitas de la felicidad.

 

El valor de un compuesto químico…

Este es un texto recién salidito del horno. 

Lo escribí por petición de un buen amigo (saluditos), quien hace tiempo padeció trastorno de ansiedad, del cual se recuperó gracias a terapia  y al uso de medicamentos de prescripción.

Quien me conoce sabrá que a mí en lo personal nunca jamás me funcionó nada de eso. Desde los 13 años yendo con psicólogos con mi letrero de “Niña Problema” en la frente, y desde los 20 con psiquiatras por iniciativa propia. Sólo con una doctora me sentí lo suficientemente a gusto para seguir yendo e intentando diversos medicamentos que a mi juicio no sirvieron de nada contra una recalcitrante distimia (depresión mayor) que tuve desde tiempos prehistóricos. Bla bla. Recurrí a eventos y cuestiones poco ortodoxas que al menos ayudaron a distraerme un poco y aprender a disfrutar de la vida, pero tal y como le comenté a mi amigo: lo único que realmente me ha servido es el amor de mi esposo, y punto.

Y el amor de mi hija, bueno: ni se diga.


Aunque esa haya sido mi experiencia, he de decir que cada quien vive su vida y lo que a uno le funciona maravillosamente a otros no les hace ni cosquillas, y viceversa. Así que comparto aquí este texto a la espera de que tal vez pudiera servirle al menos a una sola persona en el universo.


 

El valor de un compuesto químico

 

Basado en la experiencia
de mi amigo Sergio R.


No tendría que haber vergüenza en ponerse de pie y admitir si se ha padecido una enfermedad o trastorno mental. Pocos se atreven por el estigma, por miedo a ser señalados y reducir sus experiencias a una etiqueta psiquiátrica.

Es distinto con los alcohólicos y adictos a drogas en proceso de remisión. La recuperación exige transmitir el mensaje, ir a reuniones para hablar y escuchar las diferencias y similitudes. “Me llamo tal, y soy alcohólico” es una frase que se dice millones de veces a diario en los recintos de Doble A alrededor del mundo.

En cambio son pocas las personas comunes, que no sean parte de la vida pública, que se atreven a levantar la mano para decir: Soy bipolar. Sufro distimia. Me diagnosticaron Border.

¿Y qué hay sobre la ansiedad, un padecimiento que es compañero secundario de los arriba mencionados? La ansiedad per se, la ansiedad como un cuadro clínico, que no permite pasar un día sin llevarse la mano al pecho, con miedo a que el corazón estalle en un ataque de pánico.

La ansiedad de salir a la calle, causada por el estrés posterior a un evento -digamos, después de aquel fatídico once de septiembre-, o por un desbalance neuroquímico, tal vez un cambio en la dieta que bajó los niveles de serotonina en el cerebro.

No ha pasado de moda el decir que uno va a terapia, como si fuera el equivalente a ir al gimnasio a ejercitar el cuerpo. Terapia Gestalt, Constelaciones Familiares, Psicoanálisis Freudiano y todas sus variantes…

Pero nunca, jamás ha estado “de moda” decir: me recetaron tal medicamento para vencer un mal anímico que me acongojaba. ¿Por qué uno sí presume cuántas cajetillas se fumó, cuántas cervezas bebió al hilo para pasarla “bien” en una fiesta o concierto?

No sé quién sería capaz de decir: Traigo encima media diazepam para controlar el cotidiano estrés laboral. O un: Me recetaron medio Sinogan para vencer mis delirantes alucinaciones.

No debiera haber pena en admitir que se venció un problema gracias a un medicamento. ¿Por qué no darle crédito, por qué no agradecer al compuesto químico que fue capaz de permitirnos respirar tranquilos una vez más?

No sólo admitir, sino proclamar -con orgullo, ¿por qué no?-: Sí, tomo amitriptilina según me indicó la doctora, y ahora soy capaz de salir a la calle sin temor alguno.

Sí, la consumí durante algún tiempo, el necesario para no tener miedo a los lugares abiertos, y hoy puedo subirme a mi moto y conducir al lugar que yo quiera… ¿Por qué no recorrer en ella el continente americano y decirle a quienes hoy padecen agorafobia: Sí, es posible salir del infierno mental y volver a ser libre?

Porque esta es mi historia, porque sé lo que se siente, y que sí es posible vivir otra vez.

Microcuento de día de Reyes Magos

Tuiteratura, microcuento de día de reyes magos, santos reyes.
Las leyendas no son necesariamente lo que uno espera…

Las autoridades esperan verificar la autenticidad del video donde decapitan a tres reyes que se decían magos, por dar regalos a los “infieles”.

 

Tuiteratura, microcuento de día de reyes magos, santos reyes.