Sorry I missed your life

Sorry I missed your life.

Sorry I missed your life.

Jéssica de la Portilla Montaño.

 

A veces me quedo así, con la tele encendida pero en silencio, escuchando a lo lejos las risas de fiestas a las que no me invitaron. A veces tomo cientos de fotos que con nadie comparto, miro publicaciones sin comentarlas, descarto muertes de personas que jamás me conocieron y que tampoco supieron que existo. A veces tarareo las canciones de mis borrachos vecinos y sus amistades de rato, esos que ni saludo y que tampoco harán nada si un día me asesina un intruso. Vivo mi nula realidad sin más ruido, paso desapercibida y Continue reading →

Dicen que soy depresiva...

Dicen que soy depresiva… (Hashtag: Depresión / Deprimida / Deprimente / Depresiva)

Dicen que soy depresiva.

Que soy deprimente porque estoy deprimida. Dicen que soy hormonal, una reina del drama, que no llegaré a cumplir cierta edad. Que no tengo el menor talento. O que tengo demasiado pero lo desperdicio en cuestiones absurdas.

Dicen que es culpa de mi padre.

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Otros tiempos

Otros tiempos

Eran otros tiempos cuando teníamos todo al alcance de nuestras manos.  Éramos jóvenes, guapos, exitosos, atléticos. La vida era una fiesta, Dios nos favorecía.  De vez en cuando algún extraño nos  decía cuánto nos admiraba, y los amigos  no hallaban qué más regalarnos porque teníamos todo al alcance de nuestras manos: un arsenal de venenos anímicos, botellas de vitaminas melosas o histéricas pero jamás aburridas, revistas de moda con nuestro nombre perdido en algún pie de foto. Gente que no recordamos nos buscaba para ser Continue reading →

Distimia (Dysthymia). Jéssica de la Portilla Montaño. Acuarela. Water painting. TodoMePasa. Si estás pensando en suicidarte

Si estás pensando en suicidarte

Si estás pensando en suicidarte

Jéssica de la Portilla Montaño.

Ilustración: Distimia (Dysthymia).

Jéssica de la Portilla Montaño.

A Enzo
por casi quince años debatiendo.

 

 

Si estás pensando en suicidarte
debes saber:

No existen motivos
para no hacernos daño.

Si realmente lo deseamos
nadie más puede impedírnoslo.

¿Crees que el dios que te abandonó en la Tierra
te admitirá en su gloria del cielo?

No existe una razón para estar aquí.

No existe un solo motivo Continue reading →

Sueño recurrente: Amigos imaginarios (Texto experimental)

Sueño recurrente: Amigos imaginarios (Texto experimental)

Desde niña tuve un sueño recurrente:

Volar sin alas luego de correr para tomar impulso y dar un salto enorme… Entrar a cualquier estación del Metro, ir a la taquilla para pagar los dos pesos de mi boleto, recorrer el andén lleno de globos y de payasos que me invitan a conducir el convoy siempre y cuando no abra los ojos, al fin el transporte ya ha sido programado por geniecillos en computación que con algoritmos incomprensibles pretenden evitar accidentes causados por negligencia humana… Lo mejor de todo es que el Metro que yo conduzco termina volando, primero gracias a imanes que lo hacen levitar, después por mi mero deseo de escapar de un túnel oscuro.

El sueño que más recuerdo, y que me ha perseguido por años, tiene que ver con ardillas moradas. Un montón de ardillas moradas que me siguen a todas partes, así como a Homero Simpson y a otros personajes de caricatura se les aparecen de pronto un Homerito blanco y muy bueno, vestido de ángel navideño con poco presupuesto, y un Homerote rojo y negro, con sus infaltables cuernos en la frente y una larga cola terminada en triángulo.

Las ardillas van detrás de mí todo el tiempo, sin importar lo que yo haga o piense.

No sé cuándo comencé a verlas, a imaginarlas o lo que sea. Las primeras noches –o bien: los primeros días, porque en mis sueños generalmente hay luz solar, o un arco iris o más estrellas que en cualquier video de la web de la NASA– me hablaban todas al mismo tiempo: “Haz esto. No hagas lo otro. Sonríe. Quieta. Cállate. Di algo. ¿Estás segura? Te tomas la vida demasiado en serio”.

Llegué a temerle tanto a esas malditas ardillas que preferí dejar de dormir. Adiós a mis sueños.

Investigué en internet, mi niñera favorita, y ahí descubrí que en la farmacia podía comprar sin receta aspirinas con cafeína…

Continuará.
Recuerdos: Una chispa de nostalgia en medio de la inmensidad virtual

Recuerdos: Una chispa de nostalgia en medio de la inmensidad virtual

Una chispa de nostalgia en medio de la inmensidad virtual

Cuando tenía quince años, tal vez uno más tal vez uno menos, me gustaba llegar del colegio y encender la computadora. Bajaba miles de imágenes tuyas, el fotolog de tu novia era mi página de inicio. Recibía automáticamente toda actualización en el correo. Y pasaba horas buscando tu nombre en distintos portales, copiando poemas con seudónimos desconocidos…

Y pensaba que no podía haber otra niña en el mundo ni la mitad de enamorada que yo. Nadie comprendería todas esas “cosas” que sólo tú me hacías sentir. Pero las horas se hicieron días y estos se convirtieron en meses. De pronto crecimos. Y ahora no sé si estás perdido en alguna telaraña de internet.

Yo dejé de escribir tu nombre luego de regalarle tu recuerdo a cualquier desconocido. Un amor imposible no es único y tú eras especial porque yo te hice así, me gustaba la nostalgia con que decorabas mi vida. La verdad es que nada gané pero tampoco perdí. Estamos a mano a fin de cuentas.

Muchas IP anónimas leen estos caracteres sin preguntarse para quién han sido redactados. Pero no olvides que poblé el mundo con personajes ficticios para que algún día nos extrañaras. Todo esto existió solamente para ti, ¿puedes creerlo? La diferencia es que ya a nadie le interesa saber quiénes fuimos ni quiénes somos.


 

Más que recuerdos, este texto es parte del respaldo de este intento de blog.

Según mi horroroso archivo de base de datos sql, lo publiqué aquí en TodoMePasa.com el 11 de diciembre de 2007. Lo publico ahora con la palabra “Recuerdos” porque, sí: Yo sé que le puede traer algunos recuerdos, gratos o no, a una o dos personas que lean esto.

Probablemente también le traería algunos recuerdos a la persona que inspiró estas líneas… Pero por más que hago memoria de aquellos días, no logro descifrar a quién se lo dediqué. Verdad de Dios que no tengo idea. En realidad lo que me gustaría saber es con qué imagen lo ilustré…

Y como sigo sin saber cómo subir aquí mi fabuloso archivo de sql, estaré publicando de vez en cuando algún texto de antaño.

Cuentos infantiles cortos rodeada de velas apagadas

Cuentos infantiles cortos… No creo…

¿Cuentos infantiles cortos? No lo creo…

Sigues fantaseando con imposible ausencia.

Sólo un masoquista entiende el placer de un último dolor, uno dulce del que no te arrepientas. Una molestia pasajera trastocada en alivio al eliminar tu inefable parlamento de la biografía de los demás.

Son los otros quienes sí brillan, quienes son protagonistas.

Has pasado temporadas inventando pretextos. Tu personaje desaparece a cuentagotas, se desvanece, se esfuma línea a línea. A veces haces acto de presencia; el resto de las funciones tú misma te has ido borrando del imaginario colectivo, de la farándula, de las marquesinas. Son contados los otrora entusiastas que aún evocan tu seudónimo artístico, tu notoriedad intranquila… y seguramente son aquellos que, si se los permitieras, con gusto te escupirían cuánto, cuánto aborrecieron tu actuación.

La indiferencia es lo de menos: los fracasos se cobran y la melancolía se ignora mucho antes de que un aprendiz en potencia decida interpretarte un maldito día cualquiera, aparecer en un escenario árido imitándote en un sala sombría y poblada de sonrisas estúpidas.

Cuentos infantiles cortos,  se arrastraba por los rincones en busca de Barbies

…se arrastraba por los rincones en busca de Barbies…

Fue culpa de una cincuentona engañada y de un bailarín canceroso el haberte dormido sin un epitafio, rodeada de velas apagadas y de colegas que nunca te trataron como merecías y que sólo en tu imaginación se preguntan cómo pudiste, oh, tú que lo tenías todo físicamente hablando y lo desperdiciaste, tú que asesinabas con gusto cada intervención que te correspondía y que echaste por la borda la obligación de aprovechar el talento otorgado por una fuerza que Nietzsche mató.

Fue culpa de los ángeles de Rius, fue tu inexistente protección divina que no te advirtió de no hacer caso a una canción que aún recauda millones en regalías. Fue apenas una tira de tabletas de uso diario, que hoy se encuentran en casi cualquier botiquín casero y que en aquel lejano entonces tenían cierta sustancia que ahora haría tus delicias.

Fue culpa de quién… de quién no…

Y ese beso de buenas noches que debió velar a diario tu sueño, que debió leerte cuentos infantiles cortos, cortísimos, de un lobo tierno que fue asesinado por Cenicienta se acabó, que debió cobijarte y protegerte de ese otro besito infantil e inocente que hoy mandaría a la cárcel a un muerto, a una hiena que nació cadáver y que en aquel entonces se arrastraba por los rincones en busca de Barbies para contagiarles en voz baja, tan baja, su interna y dilatable putrefacción.

No más cuentos infantiles cortos para ti, ni cuentos infantiles largos, interminables, eternos…

Ya casi es hora de bajar el telón. Despídete luego de agradecer los aplausos y los abucheos.

El valor de un compuesto químico

el valor de un compuesto químico

Un compuesto químico: pastillitas de la felicidad.

 

El valor de un compuesto químico…

Este es un texto recién salidito del horno. 

Lo escribí por petición de un buen amigo (saluditos), quien hace tiempo padeció trastorno de ansiedad, del cual se recuperó gracias a terapia  y al uso de medicamentos de prescripción.

Quien me conoce sabrá que a mí en lo personal nunca jamás me funcionó nada de eso. Desde los 13 años yendo con psicólogos con mi letrero de “Niña Problema” en la frente, y desde los 20 con psiquiatras por iniciativa propia. Sólo con una doctora me sentí lo suficientemente a gusto para seguir yendo e intentando diversos medicamentos que a mi juicio no sirvieron de nada contra una recalcitrante distimia (depresión mayor) que tuve desde tiempos prehistóricos. Bla bla. Recurrí a eventos y cuestiones poco ortodoxas que al menos ayudaron a distraerme un poco y aprender a disfrutar de la vida, pero tal y como le comenté a mi amigo: lo único que realmente me ha servido es el amor de mi esposo, y punto.

Y el amor de mi hija, bueno: ni se diga.


Aunque esa haya sido mi experiencia, he de decir que cada quien vive su vida y lo que a uno le funciona maravillosamente a otros no les hace ni cosquillas, y viceversa. Así que comparto aquí este texto a la espera de que tal vez pudiera servirle al menos a una sola persona en el universo.


 

El valor de un compuesto químico

 

Basado en la experiencia
de mi amigo Sergio R.


No tendría que haber vergüenza en ponerse de pie y admitir si se ha padecido una enfermedad o trastorno mental. Pocos se atreven por el estigma, por miedo a ser señalados y reducir sus experiencias a una etiqueta psiquiátrica.

Es distinto con los alcohólicos y adictos a drogas en proceso de remisión. La recuperación exige transmitir el mensaje, ir a reuniones para hablar y escuchar las diferencias y similitudes. “Me llamo tal, y soy alcohólico” es una frase que se dice millones de veces a diario en los recintos de Doble A alrededor del mundo.

En cambio son pocas las personas comunes, que no sean parte de la vida pública, que se atreven a levantar la mano para decir: Soy bipolar. Sufro distimia. Me diagnosticaron Border.

¿Y qué hay sobre la ansiedad, un padecimiento que es compañero secundario de los arriba mencionados? La ansiedad per se, la ansiedad como un cuadro clínico, que no permite pasar un día sin llevarse la mano al pecho, con miedo a que el corazón estalle en un ataque de pánico.

La ansiedad de salir a la calle, causada por el estrés posterior a un evento -digamos, después de aquel fatídico once de septiembre-, o por un desbalance neuroquímico, tal vez un cambio en la dieta que bajó los niveles de serotonina en el cerebro.

No ha pasado de moda el decir que uno va a terapia, como si fuera el equivalente a ir al gimnasio a ejercitar el cuerpo. Terapia Gestalt, Constelaciones Familiares, Psicoanálisis Freudiano y todas sus variantes…

Pero nunca, jamás ha estado “de moda” decir: me recetaron tal medicamento para vencer un mal anímico que me acongojaba. ¿Por qué uno sí presume cuántas cajetillas se fumó, cuántas cervezas bebió al hilo para pasarla “bien” en una fiesta o concierto?

No sé quién sería capaz de decir: Traigo encima media diazepam para controlar el cotidiano estrés laboral. O un: Me recetaron medio Sinogan para vencer mis delirantes alucinaciones.

No debiera haber pena en admitir que se venció un problema gracias a un medicamento. ¿Por qué no darle crédito, por qué no agradecer al compuesto químico que fue capaz de permitirnos respirar tranquilos una vez más?

No sólo admitir, sino proclamar -con orgullo, ¿por qué no?-: Sí, tomo amitriptilina según me indicó la doctora, y ahora soy capaz de salir a la calle sin temor alguno.

Sí, la consumí durante algún tiempo, el necesario para no tener miedo a los lugares abiertos, y hoy puedo subirme a mi moto y conducir al lugar que yo quiera… ¿Por qué no recorrer en ella el continente americano y decirle a quienes hoy padecen agorafobia: Sí, es posible salir del infierno mental y volver a ser libre?

Porque esta es mi historia, porque sé lo que se siente, y que sí es posible vivir otra vez.

Tuiteratura, microcuento de día de reyes magos, santos reyes.

Microcuento de día de Reyes Magos

Tuiteratura, microcuento de día de reyes magos, santos reyes.
Las leyendas no son necesariamente lo que uno espera…

Las autoridades esperan verificar la autenticidad del video donde decapitan a tres reyes que se decían magos, por dar regalos a los “infieles”.

 

Tuiteratura, microcuento de día de reyes magos, santos reyes.

Texto: Año y medio en Auschwitz

Texto: Año y medio en Auschwitz

Jéssica de la Portilla Montaño.

 

Llegas al patíbulo a la hora en punto. Retrasarte un minuto entero podría costarte veinticuatro horas menos de vida.

El cadalso luce impecable. Los seres anónimos que dan mantenimiento al reclusorio también ostentan cuatro dígitos, justo igual que tú: Carcelero número tal. Víctima número tal.

Puede que en el pasado hayas sido una persona, pero ahora no eres más que una cifra más en las estadísticas, un punto en la lista de asistencia diaria.

No sabes si te levanta la moral o te desanima ver el BMW último modelo, con rines originales, en que pasea el director del centro penitenciario. Ahí estás tú, encerrado durante una cantidad exacta de minutos, acordada de antemano para vigilar a los otros prisioneros, para dar reporte de sus errores y cuidar tu espalda lacerada por golpes de látigo. Sería tan sencillo arrancarte los grilletes, ahorcar con tus cadenas a los gatos de medio pelo que te exigen que no levantes la frente del suelo de barro. Sería tan sencillo aprender a fabricar una bomba, comprar polvos mágicos en un puesto esotérico y echarlos en un pozo de agua potable con la esperanza de que alguien se envenene como tú.

Tal vez en el pasado fuiste una persona, pero ahora eres un autómata que camina sin mirar a los ojos de los autómatas, te dan miedo los monstruos y por eso evitas tu reflejo distorsionado en los ojos de los demás.

Sería tan sencillo finalizar la agonía con una galleta periódica, arrojar ácido sabor café en el rostro de tus opresores.

Sería sencillo…

Tienes prohibido renunciar. Cuentas uno por uno los veintiocho mil ochocientos segundos que te separan de la libertad que durará apenas el tiempo que permanezcas dormido, porque mañana debes regresar al patíbulo a la hora en punto, sin retrasarte ni medio instante porque te cobrarían una vida completa por semejante atrevimiento.

¡Santas catástrofes, Batman!

La Niña TodoMePasa dice:

…sé que de “niña” ya no tengo nada, buuu.

Bueno, sí, tengo algo: una preciosa niña de casi 8 meses, jeje.

(Pero hagan de cuenta que nunca escribí esto último, porque entonces en vez de “Niña TodoMePasa” tendría que ser la “Mami TodoMePasa” o algo por el estilo, y eso como que suena medio MILF.)

Este 28 de octubre pasado, día de San Judas Tadeo, pasaste la mitad de la jornada laboral “con el Jesús en la boca”, como dicen por ahí con su fraseología mochilosa por motivos y personas que mejor ni mencionas, guac. La otra mitad de la jornada la pasaste jurándole a todos los santos habidos y por haber que en cuanto llegaras a tu hermosa casita ibas a escribir en tu blog (¿blog?, ¿todavía existen?) una novena completa, que diga, una novelita completa para agradecerle al santo de tu devoción (que no es Malverde, mhhh, lástima porque ahora como que anda de moda entre la gente más ‘Smart’) por dos o tres milagritos que te cumplió antaño.

Perooo, tómala: llegas a casa y resulta que no puedes escribirle a los santos básicamente porque no hay luz. NO HAY LUZ. ¿Así o más esotérico el asunto? Y cálmate, que al día siguiente será tu carro el que se quede sin batería porque alguien por ahí dejó los faros encendidos (sin albur)…

-¡Se fundió un fusible! -gritas en el patio oscuro al notar que cayó una aguada tormenta en tu barrio. Ya alguna vez te tocó quedarte sin refrigerador gracias a una descarga eléctrica, bah, con ganas de demanar a los idiotas transas de la Comisión Federal de Electricidad por su pésimo servicio en provincia.

-¿Cuál fusible? -Contesta tu esposo. -La verdad es que se me olvidó que había que pagar… Ya cálmate, ¿sí?

-¿Que me calme? ¿QUE ME CALMEEE??? -Gritas en medio de la calle luego de brincar la reja de tu casa y saltar a dos o tres vecinos como cuando jugabas encantados americanos. -¡Si no escribo en mi blog me voy a ir al averno por tu cuuu…!

…¡ZAS!!! Nomás no viste venir el tremendo cachetadón marca “protocolo de emergencia” que te propinó tu esposito. Vaya, hasta te sentiste como Robin en ese meme de Batman.

-¡Ya te dije que te calmes! ¡Babosa! ¡Cómo pretendes escribir en tu blog si ni siquiera sirve tu maldita computadora!

¡Ah!!! O sea que los de la CFE están buenos para cortar el suministro eléctrico si te retrasas un día con el recibo (saluditos a Carlos Slim, quien en exactamente quince días cortará mi línea telefónica para “recordarme” que tengo ciertas obligaciones de por vida con él), pero no para reparar el motor de tu refri o la compostura de tu módem que se derritió en la última tormenta. Neto que se derritió, lo juro, es literal que el estúpido aparato tiene un mega agujero en la cubierta de plástico.

Lo bueno es que tenías a la mano tu super lámpara de emergencias marca Enrique Peña Nieto, sí, justo esa que el entonces candidato te obsequió (aunque no en persona, buuu) junto con un miserable botiquín de cartón adornado con dos fabulosas aspirinas y unas cuantas vendas, por aquello de las pedradas que luego te tocan en la chamba y el consiguiente dolor de cabeza, ¿no?

Esa lamparita, tan útil como resulte en casos como ese, sólo te hace recordar cierta cuestión que llevas tres años tratando de olvidar:

¿cuándo será el día que un partido político -o varios- te regale una mugrosa despensa?, ¿una tarjeta electrónica para comprar chucherías? ¿CUÁNDO? ¿A qué candidote debes venderle tu alma para comer bien aunque sea durante tres días? ¡Ni una torta caduca, caray!

Tu módem apagado y derretido te recuerda la vez que marcaste a Telmex para reportarlo, a la espera de que te lo cambiaran pronto prontísimo para evitar un incendio…

…pero eso lo contarás en tu siguiente entrega, porque esta columna la acabas de escribir de contrabando en tu oficina. ¡A ver si ya te compras una compu nueva para que te quejes con razón cuando alguien no pague la luz!

Por cierto:

El milagro más importante que te concedió San Judas Tadeo fue que en menos de doce días desenredó el cordón umbilical del cuello de tu hija Aranza, luego de que la pobre lo trajo así durante tres meses. Terminaste en cesárea de emergencia de todas formas, pero al menos no tuvieron que traer a tu hija al mundo con semanas de anticipación.

Por eso y muchas cosas más: ¡GRACIAS!!!

@todomepasa

Ausencia

He recorrido mil leguas, he dado vuelta a cientos de relojes de arena, y aún sigo escuchando palabras que marcaron la época en que nos queríamos.

¿Recuerdas las frases que me hacían pensarte, y las que no tuvieron que ver contigo pero que me llevan ahí, a ese siglo pasado que alguna vez compartimos?

¿Recuerdas los programas de radio, tantas llamadas a un teléfono fijo, las personas que nos conocieron y decían que era imposible que viviéramos estancados en una interminable agonía mutua?

Dime dónde estás, dime cómo puedo verte que no sea cerrando los ojos, que no sea ir tras de tu sombra y sin por ello olvidarme de mí. Dime si es posible encontrar el mundo que ayer era tuyo y mío, di si vale la pena seguir dando tumbos y estrellarme mil veces contra la misma pared de tu ausencia. 

Dime por qué se de ti tan de vez en cuando si apenas hace veinte mil años estuvimos juntos…