Tarot Adivinatorio y Terapéutico: Primer aniversario en Facebook

TAROT ADIVINATORIO Y TERAPÉUTICO:

LA LOCURA DE LA EXPERIENCIA MÍSTICA (II)

Ocho meses sin trabajar desaniman a cualquiera. Y no porque uno extrañe a los maravillosos jefes que están chingue y chingue como lluviecita, o a esos compañeros que uno saluda sin saber cómo se llaman… Sino porque es cierto: con dinero baila el perro. Y también Sergio Mayer y anexos.

Y hablando de perros y otros animales:

Tras hacer muchas cuentas, mi esposo y yo llegamos a la conclusión de que daba lo mismo que yo buscara o no empleo en otra oficina, porque prácticamente salía tablas entre pagar niñera, comidas en la calle, transporte y todo lo demás. Así, por lo menos uno de nosotros podría darse el lujo de ver crecer a Arancita.

La cartulina de “Lectura de cartas” afuera de mi casa no me estaba jalando mucha clientela que digamos, así que en un momento de inspiración, exactamente el 14 de noviembre de 2017, decidí crear mi fanpage de Tarot Adivinatorio y Terapéutico en Facebook. Pero igual, pasó, no se me ocurrió hacer gran cosa con ella además de copiar y pegar mis publicaciones de Instagram.

Y no sé si antes o después de crear Tarot Adivinatorio y Terapéutico fue que encontré la novena del trabajo de mis sueños al arcángel Chamuel.

Seguramente ya la había leído hace miles de años en la misma página donde la mitad del contenido trata de estupefacientes y la otra mitad es sobre cuestiones místicas y ángeles. Decidí que igual, no perdía nada con hacerla, ¿por qué no? Escribí mis peticiones, que eran solamente dos: el primer trabajo de mis sueños era estar en mi casa leyendo las cartas mientras cuido de mi hija Aranza, y el segundo era que algún periódico o revista o página web me pagara por escribir.

La novena dice que al terminarla no hay que hacer nada más, así que literalmente no hice nada más: ni escribir, ni buscar nuevos clientes, absolutamente nada de nada de nada…

Poco antes de finales de año me escribió a través de Tarot Adivinatorio y Terapéutico una persona que deseaba que le leyera las cartas en enero. Como mi super precio de promoción finalizaría el treinta y uno de diciembre, me depositó antes de las fiestas. Iniciando 2018 mi esposo me llevó a la cita, aprovechando que aún estaba de vacaciones, así que mientras él paseaba con Aranza, yo atendí a esta persona.

Y pasó.

Y ya.

Seguí con mi vida, como siempre. Muchos curiosos; en algún momento una mujer me mandó solicitud de amistad en Facebook y de pronto me vi llena de solicitudes de amigos en común, hasta que terminé con, literal, con dos mil contactos nuevos que a fin de cuentas bloqueé al poco tiempo tras recibir al menos cinco fotografías no solicitadas de sus respectivos micro amiguitos Plankton. “Nunca pongas en tu perfil personal nada sobre tu trabajo”, me reprendió Enzo, amigo y asesor tecnológico. Puse una foto familiar y ya, solucionado el asunto.

El domingo 18 de febrero de 2018 se perdió mi perrito Domi.

Se perdió en: Colinas de Santa Julia el domingo 18 de febrero de 2018.

Se perdió en: Colinas de Santa Julia el domingo 18 de febrero de 2018.

Yo, por supuesto, ya sabía que se iba a perder, incluso un día antes me quedé con el pendiente de comprar placas de identificación para él y para su novio el Tifón. Nunca regresó. Cuando por fin pude reaccionar, me tiré el Tarot y no venía ninguna tragedia, pero tampoco nada útil para encontrarlo. Durante días caminé con mi pobre hija de tres años bajo el sol del Bajío, preguntando a desconocidos si de casualidad habían visto al perrito más hermoso, tierno, obediente, adiestrado y pequeño…

Durante un par de meses lloré a mares por Domi, culpé a mi esposo amenazando con la palabra divorcio, ahogué mi remordimiento de la forma usual, etcétera, las ridiculeces de siempre. Decidí continuar con mi vida una ocasión que regresé a casa con los hombros casi calcinados mientras a mi niña no le pasó absolutamente nada (ella es blanca porque abueleó, yo estoy bien prieta)… Pero esa noche Arancita agarró el gel del cabello de su papá y se lo puso en las piernas que porque le dolían.

Entonces decidí que no podía seguir deprimida por el resto de la vida de mi hija.

Todo por un perro del que ya no supe nada más excepto que un desconocido lo encontró en una avenida cercana, atropellado por un malnacido que no se detuvo a ayudar a su víctima. En algún momento ese buen samaritano me marcó por teléfono para decirme que había llevado a Domi a una veterinaria y ahí una persona de una asociación animalista le dijo que se lo iba a llevar a Salamanca para ver si podían salvarlo, pero que lo más seguro era que lo sacrificaran.

¿Nombre de quien se lo llevó? Ni idea.

¿Datos de la asociación animalista de Salamanca? En blanco.

“Si logro localizarlo y está vivo, yo le marco. En caso contrario ya ni la molesto, señorita”…

Y, en efecto: ya no me molestó.

Pero decidí no darme por vencida.

Un par de veces subí fotos del Domi a mi Facebook. En algún momento recordé mi fanpage y que podía pagar anuncios baratos segmentados por ciudad para que más personas en Salamanca y León vieran la foto y los datos de mi perrito, tal y como hice una o dos veces con publicaciones de mi otra fanpage, TodoMePasa Ediciones. Habré invertido unos cuantos cientos de pesos, ya había seleccionado anuncios solo para mujeres porque son quienes reenvían más ese tipo de información y, en algún momento, una chica me mandó un inbox no para decirme nada sobre mi Dominó, sino para preguntar si acaso yo le podía leer las cartas por videollamada y que a dónde me depositaba poco más de la cantidad que invertí en los anuncios y que recuperé así, de una forma totalmente inesperada…

Continuará.

Instagram @eltarotmx

Jéssica de la Portilla Montaño de Juárez

De vez en cuando reapareces. Esperas a que esté distraída, me acechas como un recorte amarillo que no sé de dónde saqué y entonces reapareces, sólo en ciertas ocasiones, precisamente cuando creo ya no extrañarte, me acompañas por breves instantes y de inmediato te disuelves, te haces espuma callada... Puede que siempre estés ahí y yo ni siquiera te note.

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