Ángeles y arcángeles: La locura de la experiencia mística

Ángeles y arcángeles:

La locura de la experiencia mística.

 

Todavía trabajaba en “el periódico más grande de la zona El Bajío” cuando mi mejor amiga de Ciudad de México me habló por teléfono para decirme que había ido con una médium de ángeles.

Sí, lo juro: yo puse exactamente la misma cara de what. Solo pensé: ¿De qué hablas?, ¿y ahora qué te fumaste que no invitas? A pesar de que tengo más de ocho años leyendo la baraja del Tarot para adivinación y terapia, me quedé por un par de horas con mi carota de queeé.

Que mi amiga fue con una persona que te da mensajes de tus ángeles, que le dijo cosas muy íntimas y por supuesto de lo más certeras, como por ejemplo que no siguiera vistiendo de negro o que ya no se bañara con agua tan caliente, y otras cuantas cuestiones que por supuesto ya no me contó.

Colgué el teléfono y seguí en mi asunto, aguantando al que fuera mi último jefe, un viejito de esos que te hacía sentir una idiota sin necesidad de insultarte y que siempre contaba la mismas anécdotas.

Continué con mi vida sin mayor problema y me olvidé del asunto.

Luego me tocó recorte de esa oficina. Me puse a llorar y no podía dejar de hacerlo, más que nada porque era precisamente lo que yo quería. Pocas veces me ha sucedido el no contener las lágrimas ante tanta felicidad, y es literal que no podía tranquilizarme. Aguanté ahí casi tres años editando un periódico, aprendí mucho pero hubo días, que de hecho fueron casi todos, en que salí chillando y con el juramento de que ahora sí ahora sí iba a renunciar; y al día siguiente como si nada y dispuesta a soportar jetas hasta que me liquidaran.

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Mis lágrimas de cocodrilo se evaporaron solitas en cuanto vi la cantidad plasmada en un par de cheques, uno por mi liquidación y otro por el fondo de ahorro que nos tenían que dar en febrero, un mes después de mi feliz adiós.

A mi esposo también se le olvidó la congoja cuando le dije que de pronto tenía setenta y tantos mil pesos para disfrutar de vacaciones pagadas durante mínimo unos ocho meses…

Pero, por supuesto, no soy lo que se dice una estudiante graduada en economía doméstica. En menos de tres meses nos comimos, literalmente nos comimos en cantidad de restaurantes y saliditas, esos setenta y tantos mil pesos, sin haber hecho ni un solo viaje fuera de León Guanajuato, sin haberme comprado la laptop por la que tanto he sufrido, y sin siquiera haberme hecho de un par de estúpidos tenis. WTF!

El recorte de personal fue casi a finales de enero de 2017. Cuando me di cuenta ya estábamos en septiembre y yo sin un peso, sin chamba, sin haber escrito ni medio versito, feliz con mi hija todo el santo día pero sin mayores actividades que limpiar la casa (según) y ver series repetidas.

Ya había pensado en regresar a la universidad, misma que dejé primero por un berrinche cuando intentaron acusarme de deshonestidad académica, y luego porque entre el trabajo de tiempo completo y la maternidad y shalalá. Justo en esos días estaba pensando en solicitar mi certificado de preparatoria a la promotora, cuando de la nada y tantos años después me llegó un correo notificándome que quedaban algunos días para inscribir materia. ¿Casualidad?

Me inscribí. Los cuatrimestres de cuatro materias ahora eran módulos de un mes para llevar una sola clase. ¡Perfecto!

Por fin había ocupado mi cabeza con algo productivo. Escribir hace tiempo que no se me da como antes, lo cual agradezco, de hecho, porque cuando empiezo con narrativa me da un insomnio que se convierte en amenaza de psicosis. Estoy más tranquila entre menos tecleo.

En esos meses aprendí a cocinar. Sí, a mis treinta y muchos años por fin aprendí algo a lo que toda la vida me negué, a pesar de que mis tres primos hermanos son chefs titulados y todo.

Un día cualquiera creo que de noviembre, y ni sé por qué fue, pero de la nada se me ocurrió hacer una fanpage de Facebook: Tarot Adivinatorio y Terapéutico.

Ángeles y arcángeles: La locura de la experiencia mística
Ángeles y arcángeles: La locura de la experiencia mística

¿Novena de ángeles y arcángeles?

Y no sé si fue antes o después que encontré una novena del “trabajo de mis sueños” al arcángel Chamuel, a quien jamás había escuchado mencionar. Y de hecho lo encontré en la misma página donde hace ya trece años descubrí la existencia de una Escuela de Escritores en Coyoacán, cuando no buscaba ninguna escuela de escritores sino información sobre el psicotrópico ilegal más popular.

Y lo demás te lo cuento la siguiente vez que me leas por acá…

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