Corazón infame - Liberto Guerrero - TodoMePasa

Infame corazón – Liberto Guerrero

Infame corazón – Liberto Guerrero

He pasado los últimos mil años de mi vida deambulando como un espectro, o como su sombra, o como su feto: arrodillado, oculto, vencido y desollado. De mi pecho, cuando lo oprimo, salen ácaros y polvo nauseabundo, es un sitio deshabitado, un pueblo fantasma que subsiste de rencores ahogados con alcohol. Mi inteligencia, a falta de agua fresca, se volvió una flor marchita, sus aromas se desvanecieron y los pétalos que acompañaban mis palabras ya no llegan a mis labios, pareciera que se fueron a huelga y que solo habrán de volver cuando haya que adornar mi féretro por última vez. Y mi respiración, mi aliento, ese aire que escapa por las fauces, no puede ser otra cosa más que un débil pero sofocante viento del desierto. He vivido con miedo de levantar la voz y hacerme oír, de decir mi nombre letra por letra, aunque me sangre la lengua, y luego preguntar quién me conoce, hijos de puta; miedo de que la respuesta sea nadie, y terror también de que la respuesta sea todos. Todos conocen mi infame corazón. Me he escondido muchos siglos como un insecto bajo las piedras, o bajo el escritorio de las oficinas donde vivo, detrás de copas y copas de vino, o detrás de los archivos de un ordenador. A veces me corto las uñas y el cabello y salgo a las calles en una inútil búsqueda de sangre, de mi sangre, y de la sangre de mi sangre; pero ha quedado poco a poco salpicada en las paredes de este inframundo. Al final de la faena suspiro, contengo el llanto un momento, y después lloro por horas bajo las sábanas de mi ataúd. Por las mañanas me levanto a recoger el tiradero, azorado por el hecho de que aún queden restos de mí por amontonar, y agradecido de que cada día sean menos. Sigo adelante, consciente de que me limito a seguir los pasos que alguien más dejó estampados antes que yo. Alguien, quizá, con mejor suerte. O quizá no.

 

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Publicado por

Jéssica de la Portilla Montaño de Juárez

De vez en cuando reapareces. Esperas a que esté distraída, me acechas como un recorte amarillo que no sé de dónde saqué y entonces reapareces, sólo en ciertas ocasiones, precisamente cuando creo ya no extrañarte, me acompañas por breves instantes y de inmediato te disuelves, te haces espuma callada... Puede que siempre estés ahí y yo ni siquiera te note.

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