Primer cumpleaños

El viernes 25 de marzo fue tu primer cumpleaños.

Tu abuelita Blanca y tu bisabuela Lupe (Mamá Grande) llegaron desde el miércoles por la noche para estar contigo (“tres días completos de bebé”, les dije para convencerlas). Ayer domingo regresaron a la Ciudad de México (CDMX) por la tarde.

Tu abuela llegó cargando, como siempre, y en esta ocasión se trataba del regalo que le encargó a tu tía Mariné, quien fue hace poco a Orlando, Florida: una linda alberca inflable con todo y resbaladilla, porque le dije que te subí al tobogán de un restaurante -obviamente sin soltarte ni un momento- y que te encantó. Estrenaste tu piscina el jueves, y más bien te la pasaste lloriqueando a pesar de que me metí (lo más posible) contigo. Y nuestra primera y segunda “nadada” finalizaron con shampoo y jabón para no desperdiciar el agua de esa nueva tina.

Alberca inflable para bebé
Alberca inflable para bebé.

Ya con tu papá la pasaste mejor en la alberca. Él se encargó de darte la seguridad para que te sintieras a gusto en el agua. Estuvimos mojando al Domi, que también quería meterse con nosotros, y molestando al Tifón y salpicando a Doña Lupe mientras tu abuelita hacía de “aguadora”, cual buena fan de Adam Sandler.

Celebramos tu primer cumpleaños en el bufet del Sirloin Stockade. Tu papá cometió el pequeñísimo error de darte primero pastel de bombón con chocolate, y luego… nada, desde ese día no has querido comer nada que no sea dulce, todavía hoy estuviste escupiendo los frijolitos con pollo que antes devorabas ante la sorprendida mirada de familia y amigos. Nosotros, en cambio, salimos del restaurante casi rebotando.

Y he aquí una foto de tu primer diente:

El primer diente de mi bebé en su cumpleaños
El primer diente de mi bebé en su cumpleaños.

(y que conste que ya te está saliendo uno de arriba).

El sábado nos levantamos temprano para preparar tu primera fiesta de cumpleaños. En realidad la empezamos a preparar mucho antes: desde hace un mes o más comencé a grabar tu playlist en Youtube, puras canciones infantiles o más bien canciones de cuando yo era niña, y tu papá montó en el comedor nuestra tele analógica (ahora sin antena de conejo) para ver internet con el Wii o usarla con el DVD. También hice a mano tus invitaciones, que en realidad son recuerdos para quienes sí llegaron, con motivos de Twin Little Stars, mis personajes favoritos de Sanrio.

Fiesta de primer cumpleaños con tu vestido de Dumbo
Fiesta de primer cumpleaños con tu vestido de Dumbo.

¡Ah!, y un centro de mesa, también de Twin Little Stars.

Invitaciones recuerdos fiesta infantil
Invitaciones recuerdos para fiesta infantil.

No asistieron todos los invitados por ser vacaciones de Semana Santa, pero la pasamos de lo más a gusto y nos sobró comida, jeje. Tu papá cocinó tan rico como acostumbra: pollo, chorizo, sus famosas papas con queso, champiñones… Llegaron Anggye y Memo con la pequeña Sofía, “los abuelitos” Miguel Ángel y Josefina (faltaron mis ex alumnos Miguel y Astrid más sus mamis, y Raziel y Yared que ahora viven en Nicaragua), Maricela de San Pancho con su hijo Rickys y novia (con “La Panza” de siete meses de gestación), Lolita, y de sorpresa llegó Lorena cuando salió del turno en nuestro periódico. Montse no pudo ir también por chamba, pero hace un ratito me entregó tu regalo (¡gracias!).

Bisabuela abuela madre y bebé
Bisabuela, abuela, madre y bebé.

Fue increíble lo rápido que se pasó tu primer año de vida. Hoy por la mañana nació tu prima Romina, y es inevitable comparar y recordar cómo naciste pesando tres kilos con cincuenta gramos, y ahora estás más o menos en los nueve. Dejaste de ser un bebé berrinchudo para convertirte en una niña voluntariosa, un poco enojona y pegalona, pero en general adorable que hace reír a cuantos te conocen. Ha sido maravilloso verte crecer, nunca pensé que tendría tanta dicha y tampoco puedo esperar para verte caminar solita, para escucharte decir frases completas, para llevarte a la escuela y ver cómo cargas a tu futuro hermanito o hermanita…

Feliz primer cumpleaños, mi nena hermosa.

Entre jefes horribles te veas (2)

Continuación de Entre jefes horribles te veas, mi columna de este mes para la Revista Delatripa (narrativa y algo más).

Entre jefes horribles te veas.
Entre jefes horribles te veas.

La Niña TodoMePasa dice:

Soy más bien huevona.

…o al menos eso es lo que ha pensado de mí el noventa y nueve por ciento de mis familiares, profesores, colegas, ex lectores… y mis jefes. Oh sí. Cientos de miles de ex jefes.

Con decirles que mi ex empleada doméstica se quejó con mi mamá y con mi abuela (“historia verífica”, decía Adal Ramones hace veinte años cuando era medio famosón) de que, cito: “Cómo es posible que una mujer de veintidieciséis años se queje porque no le tienen listos los uniformes de la oficina”. Oh sí: la ex terapeuta freudiana que cada semana barría y trapeaba mi hogar se quejó por tener que… ¡lavar cinco playeras extras!!! ¿Será que debí facilitarle un poco el trabajo?, ¿hacerle un martini con doble aceituna mientras yo pasaba el plumero por los rincones de mi casa que ella considerara indispensables?

(Pero, como nunca falla la Ley de Murphy: clásico que cambias de doméstica porque la actual ya es más amiga molona que empleada… y llega una nueva que te roba la medalla de oro que te regaló tu abuelita hace veintidiez años, cuando hiciste tu Primera Comunión. ¡AUCHHH!!! ¡Sóbese donde más le duela!)

Vaya: hasta la numerología me tacha de tal forma, porque al sumar los dígitos de mi fecha de nacimiento encontré que mi destino era (según Kala Ruíz) trabajar el doble que el resto de las personas para obtener la mitad de resultados, y todo por el “karma” de que en mis innumerables y desconocidas vidas pasadas fui de lo más perezosa.

Bueno, puesn: ¿Y qué culpa tengo (Fatmagül) de que mis yo de otros siglos hayan sido emperatrices cleopatrescas que no movían media uña porque sus esclavos les complacían el más mínimo berrinche, y hasta las viboritas se encargaban de “suicidarlas”?, porque qué flojera y cero fashion andarse haciendo cortaditas cuya sangre de inmediato coagula, y doble pereza estar tragando una aspirina tras otra para facilitar el show…

(quien lo sabe lo sabe, y quien no pues que investigue eso de la aspirina, porque qué flojera estarles explicando la historia de mi vida a ustedes, mis queridos ex lectores del mañana. ¡Y ahora hasta la historia de mis vidas pasadas les tengo que inventar! ¡Habrase visto!)

Pero como que ya me estoy desviando del tema, y pues qué flojera escribir ciento cuarenta caracteres de más (por eso todos me unfollowean de Twitter, I guess).

Estábamos en que:

¿Quién no ha tenido un mal jefe? ¿O dos? O diez… ¿diez mil?, ¿eh? ¡Diiigo!, porque no todos somos capaces de tener la estabilidad laboral, mental, anímica, amorosa, espiritual y bla bla bla que supuestamente tiene la “gente normal” (lo que sea que eso signifique para nosotros los “anormales”).

Les contaba que mi primera chamba fue en una Tienda de la Esquina en Coyoacán, con una mujercita de ascendencia extranjera que se sentía -y sospecho que aún se siente- con el derecho de esclavizar al pueblo mexicano de lunes a sábado, en jornada completa y pagando sólo diez pesos de entonces por cada hora extra. Luego de darle las gracias por hacerme vivir una experiencia tan pero tan proletaria, decidí ponerme las pilas para la universidad… propósito que no me duró demasiado, como siempre cuando se trata de mis buenas intenciones.

Se podría decir que mi segundo trabajo fue un avance notable: cajera en el restaurante de un ‘benefactor’ de mi familia. Más que restaurante era algo así como una cantina privada para amigos, conocidos y demás, porque no había mucha concurrencia a pesar de que la comida -y, ejem, la bebida- era buenérrima, los mejores dedos de queso que he probado jamás. En esta chamba hice lo que el resto del planeta bien sabe que es mi actividad favorita: procrastinar. Según mi mala memoria, llegaba al restaurante después de la una de la tarde, y si había seis o siete mesas en todo el día era mucho. Así que mientras tanto no me quedaba de otra que leer un libro tras otro, ya qué ya qué, o ponerme a ver videos de MTV en la pantalla gigante que tenía justo enfrente. Creo que fue una de las fases en que más leí en toda mi vida, así hayan sido puras mafufadas como El Manifiesto Comunista, ya saben: de cuando tienes 18 años y quieres irte unos meses con tus tíos de Cuba “para conocer el marxismo de cerca”, o sea guauu, el sueño
de cualquier PP (por “Princess Prole”… no por Pau Peña, ¡eh!): ir a convivir con otros más pobres que tú.

Era esa época antigua en que Sean Lennon se lanzó como cantante, Plastilina Mosh revivió a Lyn May para uno de sus videos más famosos -de los tres que recuerdo de ellos… o dos…-, y una de mis mayores obsesiones comenzó cuando tuve la mala malísima idea de pedirle a mi mamá que me comprara en Liverpool un disco compacto “de un tal AntiCristo Superestrella”. Mis quincenas completas servían para comprar libros que no recuerdo si al menos abrí, y en música que cierto ex parásito me desapareció.

En cuanto a los jefes de esa segunda chambita, eran lo más relax del mundo, básicamente porque (ventaja del nepotismo) tenían que tratar con mi jefa-jefa: el encargado y su encargado, el cual me caía superbien porque se la pasaba bromeando (su frase clásica era: “Niña, qué tienen tus ojos… y era bizca, ¿no?”).

Estuve ahí hasta que regresé a la universidad, mientras el horario me lo permitió, aguantando a uno que otro ente extraño que iba a verme para ligar aunque el tipo apenas si abría la boca.

Y después…

@todomepasa

Nos mudamos… oootra vez

TodoMePasa
Logotipo de TodoMePasa.com

 

…aunque esta vez no cambiamos de dominio (pfff, ¡para variar!!!) sino de plataforma: WordPress. Si yo les contara que pasé de tener 3 mil visitas diarias -lo crean o no mis viperinos ex amiguis- a… apenas un puñito de ellas cuando me cambié a Blogger/Blogspot. ¡Bahhh! ¿Quién iba a decir que el publicador de Google iba a tener tan poca visibilidad???

 

En algún momento de la vida tengo que migrar lo que aún está en Blogger (me encuentro en un dominio temporal) aquí, que son maso mis archivos desde 2011; y también una base de datos sql de la primera fase de TodoMePasa.com, de 2007 a 2011… el problema es que no tengo ni idea de cómo lo haré, juar.

 

Mientras tanto dejen configuro esta cosa…

El valor de un compuesto químico

el valor de un compuesto químico
Un compuesto químico: pastillitas de la felicidad.

 

El valor de un compuesto químico…

Este es un texto recién salidito del horno. 

Lo escribí por petición de un buen amigo (saluditos), quien hace tiempo padeció trastorno de ansiedad, del cual se recuperó gracias a terapia  y al uso de medicamentos de prescripción.

Quien me conoce sabrá que a mí en lo personal nunca jamás me funcionó nada de eso. Desde los 13 años yendo con psicólogos con mi letrero de “Niña Problema” en la frente, y desde los 20 con psiquiatras por iniciativa propia. Sólo con una doctora me sentí lo suficientemente a gusto para seguir yendo e intentando diversos medicamentos que a mi juicio no sirvieron de nada contra una recalcitrante distimia (depresión mayor) que tuve desde tiempos prehistóricos. Bla bla. Recurrí a eventos y cuestiones poco ortodoxas que al menos ayudaron a distraerme un poco y aprender a disfrutar de la vida, pero tal y como le comenté a mi amigo: lo único que realmente me ha servido es el amor de mi esposo, y punto.

Y el amor de mi hija, bueno: ni se diga.


Aunque esa haya sido mi experiencia, he de decir que cada quien vive su vida y lo que a uno le funciona maravillosamente a otros no les hace ni cosquillas, y viceversa. Así que comparto aquí este texto a la espera de que tal vez pudiera servirle al menos a una sola persona en el universo.


 

El valor de un compuesto químico

 

Basado en la experiencia
de mi amigo Sergio R.


No tendría que haber vergüenza en ponerse de pie y admitir si se ha padecido una enfermedad o trastorno mental. Pocos se atreven por el estigma, por miedo a ser señalados y reducir sus experiencias a una etiqueta psiquiátrica.

Es distinto con los alcohólicos y adictos a drogas en proceso de remisión. La recuperación exige transmitir el mensaje, ir a reuniones para hablar y escuchar las diferencias y similitudes. “Me llamo tal, y soy alcohólico” es una frase que se dice millones de veces a diario en los recintos de Doble A alrededor del mundo.

En cambio son pocas las personas comunes, que no sean parte de la vida pública, que se atreven a levantar la mano para decir: Soy bipolar. Sufro distimia. Me diagnosticaron Border.

¿Y qué hay sobre la ansiedad, un padecimiento que es compañero secundario de los arriba mencionados? La ansiedad per se, la ansiedad como un cuadro clínico, que no permite pasar un día sin llevarse la mano al pecho, con miedo a que el corazón estalle en un ataque de pánico.

La ansiedad de salir a la calle, causada por el estrés posterior a un evento -digamos, después de aquel fatídico once de septiembre-, o por un desbalance neuroquímico, tal vez un cambio en la dieta que bajó los niveles de serotonina en el cerebro.

No ha pasado de moda el decir que uno va a terapia, como si fuera el equivalente a ir al gimnasio a ejercitar el cuerpo. Terapia Gestalt, Constelaciones Familiares, Psicoanálisis Freudiano y todas sus variantes…

Pero nunca, jamás ha estado “de moda” decir: me recetaron tal medicamento para vencer un mal anímico que me acongojaba. ¿Por qué uno sí presume cuántas cajetillas se fumó, cuántas cervezas bebió al hilo para pasarla “bien” en una fiesta o concierto?

No sé quién sería capaz de decir: Traigo encima media diazepam para controlar el cotidiano estrés laboral. O un: Me recetaron medio Sinogan para vencer mis delirantes alucinaciones.

No debiera haber pena en admitir que se venció un problema gracias a un medicamento. ¿Por qué no darle crédito, por qué no agradecer al compuesto químico que fue capaz de permitirnos respirar tranquilos una vez más?

No sólo admitir, sino proclamar -con orgullo, ¿por qué no?-: Sí, tomo amitriptilina según me indicó la doctora, y ahora soy capaz de salir a la calle sin temor alguno.

Sí, la consumí durante algún tiempo, el necesario para no tener miedo a los lugares abiertos, y hoy puedo subirme a mi moto y conducir al lugar que yo quiera… ¿Por qué no recorrer en ella el continente americano y decirle a quienes hoy padecen agorafobia: Sí, es posible salir del infierno mental y volver a ser libre?

Porque esta es mi historia, porque sé lo que se siente, y que sí es posible vivir otra vez.