Texto: Año y medio en Auschwitz

Texto: Año y medio en Auschwitz

Jéssica de la Portilla Montaño.

 

Llegas al patíbulo a la hora en punto. Retrasarte un minuto entero podría costarte veinticuatro horas menos de vida.

El cadalso luce impecable. Los seres anónimos que dan mantenimiento al reclusorio también ostentan cuatro dígitos, justo igual que tú: Carcelero número tal. Víctima número tal.

Puede que en el pasado hayas sido una persona, pero ahora no eres más que una cifra más en las estadísticas, un punto en la lista de asistencia diaria.

No sabes si te levanta la moral o te desanima ver el BMW último modelo, con rines originales, en que pasea el director del centro penitenciario. Ahí estás tú, encerrado durante una cantidad exacta de minutos, acordada de antemano para vigilar a los otros prisioneros, para dar reporte de sus errores y cuidar tu espalda lacerada por golpes de látigo. Sería tan sencillo arrancarte los grilletes, ahorcar con tus cadenas a los gatos de medio pelo que te exigen que no levantes la frente del suelo de barro. Sería tan sencillo aprender a fabricar una bomba, comprar polvos mágicos en un puesto esotérico y echarlos en un pozo de agua potable con la esperanza de que alguien se envenene como tú.

Tal vez en el pasado fuiste una persona, pero ahora eres un autómata que camina sin mirar a los ojos de los autómatas, te dan miedo los monstruos y por eso evitas tu reflejo distorsionado en los ojos de los demás.

Sería tan sencillo finalizar la agonía con una galleta periódica, arrojar ácido sabor café en el rostro de tus opresores.

Sería sencillo…

Tienes prohibido renunciar. Cuentas uno por uno los veintiocho mil ochocientos segundos que te separan de la libertad que durará apenas el tiempo que permanezcas dormido, porque mañana debes regresar al patíbulo a la hora en punto, sin retrasarte ni medio instante porque te cobrarían una vida completa por semejante atrevimiento.

En el día de las Guadalupes Lupitas en México:

En el día de la Virgen de Guadalupe, un texto a mi abuela Lupita
Porque todos tenemos una Guadalupe, Lupe, Lupita… si no en la familia, por lo menos en la cabeza.



Guadalupe Romo Moreno: Mujeres como ella no hay


No acabé de platicarte sobre la visita a León de mi mamá y mi abuelita Lupe; de hecho se me pasó decirte que, cuando salimos de acá con rumbo a “Guanajuato capital”, mi abuela iba bien atenta mirando el paisaje desde el asiento de atrás. De pronto se quedó como hipnotizada con un minúsculo puntito negro que estaba en la cima de un cerro lejano, a la izquierda  de la carretera. 

–¿Es el Cerro del Cubilete

Héctor le contestó que sí. Mi abuela no dejaba de mirar ese puntito negro que yo ni sabía qué era. …y entonces, zas: sin mayor aviso, el guapísimo conductor tomó una curva de desviación. 

–¿Qué pasa? ¿A poco ya no vamos a ir a “Guanatos”? Juárez solamente se sonrió como diciendo: espera y verás, tú tranquila y yo nervioso. Conforme el carro avanzaba, el minúsculo puntito negro en la cima del cerro se fue haciendo más y más grande hasta adquirir forma: era la estatua de un hombre con los brazos abiertos. 

Hasta que no llegamos a las faldas de la montaña supe dónde estábamos: ¡el famosísimo Cristo Rey!, también conocido como Cristo de la Montaña, ícono del municipio de Silao, a treinta minutos de nuestro destino inicial. Como  quien dice, mi novio nomás “no-vio” que a Guanajuato era todo derecho, jajaja, ¡no es cierto! Dime si así o más buena onda, mi hombre consintiendo a su futura abuelita: nomás porque doña Lupe preguntó si ése allá lejos era el Cerro del Cubilete… a ver si también es así de lindo con tu servidora cuando yo quiera conocer algún lado, ¿no? 

Ni cómo describirte la vista panorámica cuando al fin llegas hasta hasta arriba, donde hay una iglesia o más bien una preciosa capilla circular. Investigué un poco en internet: antes había otra estatua más pequeña que databa de 1920; pero, seis años después, durante la Guerra Cristera, fue destruida por órdenes de Plutarco Elías Calles. La actual fue construida en 1940. 

Ni te cuento: mi abuela más que feliz, parecía niña chiquita en Reino Aventura. Ya que estábamos las tres en un “lugar sagrado” (por decir así), aprovechamos para agradecer, una vez más y cuantas veces sea necesario, porque tenemos la dicha de seguir juntas, ellas en el Distrito Federal y yo en mi nueva ciudad, pero todas vivitas y coleando. 

No sé si te enteraste del show de hace unos años: Doña Paciente (léase: mi abuela) había ido por enésima ocasión no recuerdo si a su clínica del IMSS o si aún estaba en el ISSSTE; el caso es que le habían hecho un montononal de estudios porque tenía molestias que iban más allá de los achaques “normales” de la edad. Fue sola a que le entregaran los resultados, supongo que mi tío Pedro no pudo acompañarla en esa ocasión. Dice mi mamá que ella estaba en su chamba cuando sonó el celular: no era mi abuela sino la %/&”#(% doctora para decirle de buenas a primeras y así como si la gran cosa que… mi abuela tenía cáncer en el esófago… y mi jefa así de ¿qué?, ¿perdón??? Inchi doctorcilla: ¿cómo se le ocurre dar tamaña noticia a una señora de casi ochenta años que fue sola a consulta? ¡Qué Hipócrates ni qué nada! 

Creo que está de más decirte cómo nos cayó semejante rollazo: mi abuela dijo que ya, que no quería que estuviéramos tristes por ella, que aceptaba su destino aunque obviamente haría todo tratamiento que le enviaran (nosotras ya pensando en radios y quimios y cirugías y demás). ¿Pero cómo no íbamos a sentirnos de lo peor sabiendo que la mujer que nos dio la vida y nos cuidó desde bebés ya no iba a estar con nosotros, todo por culpa de la enfermedad que comienza con C? 

Luego de semejante impresión se me borró el casete: quién sabe si pedimos segunda opinión, o si fue cuando mi mamá se cambió de chamba y las pasaron al IMSS, ni idea: total que un segundo médico nos dio la increíble noticia de que, según nuevos estudios, mi abuela no no nooo tenía ni tuvo cáncer sino Esófago de Barrett, un tipo “precáncer” que da por no tratarte el reflujo y por el ácido estomacal cuando vomitas (por si eres borracha o bulímica, o por si eres borracha y también bulímica, jaja), que nooo teníamos que resignarnos a ni eme porque en esa fase aún es curable; es más: que, si mi abuela estaba de acuerdo, la usarían como “abuelilla de Indias” para probar un tratamiento experimental que consiste en ligar el esófago ve tú a saber cómo… 

…y, como te darás cuenta, doña Lupe sigue aquí conmigo. ¡El procedimiento fue todo un éxito!!! Según los estudios que le realizaron meses después, el tejido precanceroso se le había caído. Pero eso no es todo: a sus casi ochenta años de edad, mi abuela desarrolló tejido nuevo y completamente sano, ¡qué tal! Los médicos estaban que no se la acababan, en serio, y ya no supe si sí usaron su caso como ejemplo de los avances de la Medicina… pero, si me preguntas, para mí sólo existe una palabra: milagro. Sí, de la ciencia si quieres, pero mi-la-gro a fin de cuentas. Así que tenemos abuela Lupe para rato, “Dios mediante” o “primero Dios”, como se dice; de hecho ya le advertí que en cuanto encargue a su bisnieto (después de que Don Soltero al fin se anime a casarse, que consteee) tendrá que venir a quedarse conmigo por lo menos tres años en lo que Hectorito o Jessiquita entran al kínder jaja, porque de niños sólo sé cómo se hacen pero ni idea de cómo cuidarlos, eso de tener bebés nunca estuvo entre mis planes pero ya toca. 

Y pues así pasa cuando sucede: ya sabía yo que doña Guadalupe Romo Moreno es un roble, pero con esta gran prueba me quedó en claro que, en definitiva, ni cómo negar que ella y mi mamá son las dos mujeres más fuertes y valerosas que he conocido en mi vida. Ya quiero que sea Navidad, ya quiero ir al DF o que ellas vengan para abrazarlas y besarlas y decirles cuánto las amo hasta que se harten y/o me reclamen por no habérselos dicho antes. Y aquí corto porque se me puso el “ojo Remi” y quiero chillar nada más de pensar en mi infancia con mi abuelita Lupe, ya te contaré…

Tdt… Adiós a la televisión analógica

Apagón analógico
Mi televisor analógico ahora tiene señal digital con YouTube, cortesía de mi viejo Nintendo Wii con internet WiFi.



La Niña TodoMePasa dice:

¡El apagón analógico a mí me la peee…!


Así que, si entendimos bien, mañana viernes 11 de diciembre de 2015 ya no habrá señal de televisión analógica aquí en León
Guanajuato, y el 31 de diciembre en el resto de México.

¿A poco no es justo lo que necesitaba nuestro país para ser parte del primer mundo y sentirnos de a de veras bien pero bien tecnológicos? ¡Qué Salinas de Gortari y su TLC, ni qué!

El apagón analógico, por supuesto, es una de mis mayores preocupaciones en este momento, y casi casi desde que me enteré. O sea: no pienso en qué comerá mañana mi nena, o por qué no se le quita el maldito resfrío culpa de la babosa vacuna contra la influenza, y ni siquiera me interesa el bendito aguinaldo, no: yo EN LO ÚNICO QUE PIENSO es en qué haré ahora sin señal de televisión abierta.

¡Y cómo no!, si no tengo pantalla digital sino un simple televisor antigüito y de antena de conejo, que ni siquiera es mío sino de mi esposo, y que a duras penas agarra tres pinches canales, los más culturosos de todos: El canal de las estrellas (canal 2, aquí canal 11), Azteca 7 (aquí es el 8) y Canal Trece (que también es el 13). ¡Y ya!!! Ahora ni TV Azteca tendré, buah.

Claro que pudimos habernos comprado una tele super-guau-modernisimísima ahora que fue lo del dizque “Buen Fin”… pero resulta que en esas fechas compré cosas un poquiiito menos necesarias, como un bote de un kilo de leche de fórmula (por cierto: vaya fraude con las ‘ofertas’ de Farmacia Guadalajara) y seguramente los benditos pañales. Y antes de la llegada de Aranza jamás fui a comprar en el Buen Fin porque, ¿qué tal si donan lo recaudado al Teletón o algo así?

Cuando llegué a vivir a León mi esposo tenía contratado Megacable, pero el servicio en general era UN ASCO, sobre todo con el cambio a “señal digital” -digital mis polai…- porque a cada rato se iba la señal justo al final de una película buenísima que jamás habías visto y que tampoco tenías intención de volver a ver. ¡Ahhh! Además Megacable no tenía permiso para transmitir la señal de Televisión Azteca, la cual, como ustedes bien saben, es considerada una de las mejores de todo el planeta.

¿Para qué quieres mil-ocho mil canales de paga de Megacable si no puedes ver Televisión Azteca???, ¿cómo perderte algo tan maravilloso y tan productivo para el universo como los concursos de La Isla, y La Isla, y no sé qué otros programas más pasen aparte de La Isla?

Así que, si acaso quiero volver a ver capítulos repetidos de Bones, Investigación Criminal NCIS, Sherlock Holmes y demás… O ahora que están pasando después de medianoche la interesante vida de unos millonarios white trash en Duck Dynasty… ¡Voy a tener que comprar un decodificador de mínimo 500 pesos, y aparte una antena aérea! Oh sí, muero nomás de pensar en semejante impresión. Podría gastar en una pantalla plana, o contratar alguno de los mil-ochomil servicios tipo Sky y MásTV y Dish y demás, pero:

1) Veo como dos horas de tele al día. Y eso de “ver” es entre comillas, mientras descanso y duermo a mi bebé. Y que conste que es tele mala, porque si tuviera acceso a tele de calidad seguramente me vería las mismas dos horas porque no tengo tiempo de ver más. ¡Juar!

2) Mi pobrecita hija apenas tiene ocho meses y medio de edad, y ya anda de enajenada con los comerciales de “quién quiere pan quiere pan quiere pan” y el de “o ere e o Oreo, cuatro galletas las comes como quieras”. Si ahorita esos malditos jingles hacen que deje de llorar, ya me imagino cuando aprenda a hablar y a estirar la manita para pedir su domingo y a caminar sola hasta la tienda para comprarse comida chatarra.

3) En tiempo récord me leí la trilogía de Stieg Larsson en la tablet: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Y en casa tengo bastantes pero bastaaantes libros, y me quejo de que según no tengo tiempo para escribir…

Y 4) Seamos sinceros: tengo un Nintendo Wii con canal de YouTube. Así que si me dan ganas de ver capítulos viejos de La Resolana (somos fans del Capi Pérez, ¿y? ¿Y???) lo haré gratis en mi vieja tele de antenita de conejo que se niega a morir.

Así que aquí tienen unos consejos para el apagón analógico:


NO se compren una pantalla. NO contraten tele de paga. NO compren decodificador ni antena aérea: consigan un viejo Nintendo Wii. Así podrán ahorrarse TODOOOS los spots políticos del PRI y del PAN y del Verde y del PT que sigue en pie de guerra, y ya no se enterarán de los logros del gobierno del Estado de México ni de los milagritos del Gobierno de Chiapas “que sí cumple” ni de ninguna de esas jaladas. Se ahorrarán además veinte minutos de comerciales por cada hora de televisión, y eso sin contar los anuncios pagados que ahora hacen con todo descaro en pleno programa.

Conclusión: 

¿Quién quiere ver televisión abierta, analógica o digital o lo que se les ocurra ahora a los sucesores transas de Mony de Swaan… si de todas formas ya no vamos a poder ver En familia con Chabelo???


¡Descansa en paz, televisión basura!!!

@todomepasa

¡Santas catástrofes, Batman!

La Niña TodoMePasa dice:

…sé que de “niña” ya no tengo nada, buuu.

Bueno, sí, tengo algo: una preciosa niña de casi 8 meses, jeje.

(Pero hagan de cuenta que nunca escribí esto último, porque entonces en vez de “Niña TodoMePasa” tendría que ser la “Mami TodoMePasa” o algo por el estilo, y eso como que suena medio MILF.)

Este 28 de octubre pasado, día de San Judas Tadeo, pasaste la mitad de la jornada laboral “con el Jesús en la boca”, como dicen por ahí con su fraseología mochilosa por motivos y personas que mejor ni mencionas, guac. La otra mitad de la jornada la pasaste jurándole a todos los santos habidos y por haber que en cuanto llegaras a tu hermosa casita ibas a escribir en tu blog (¿blog?, ¿todavía existen?) una novena completa, que diga, una novelita completa para agradecerle al santo de tu devoción (que no es Malverde, mhhh, lástima porque ahora como que anda de moda entre la gente más ‘Smart’) por dos o tres milagritos que te cumplió antaño.

Perooo, tómala: llegas a casa y resulta que no puedes escribirle a los santos básicamente porque no hay luz. NO HAY LUZ. ¿Así o más esotérico el asunto? Y cálmate, que al día siguiente será tu carro el que se quede sin batería porque alguien por ahí dejó los faros encendidos (sin albur)…

-¡Se fundió un fusible! -gritas en el patio oscuro al notar que cayó una aguada tormenta en tu barrio. Ya alguna vez te tocó quedarte sin refrigerador gracias a una descarga eléctrica, bah, con ganas de demanar a los idiotas transas de la Comisión Federal de Electricidad por su pésimo servicio en provincia.

-¿Cuál fusible? -Contesta tu esposo. -La verdad es que se me olvidó que había que pagar… Ya cálmate, ¿sí?

-¿Que me calme? ¿QUE ME CALMEEE??? -Gritas en medio de la calle luego de brincar la reja de tu casa y saltar a dos o tres vecinos como cuando jugabas encantados americanos. -¡Si no escribo en mi blog me voy a ir al averno por tu cuuu…!

…¡ZAS!!! Nomás no viste venir el tremendo cachetadón marca “protocolo de emergencia” que te propinó tu esposito. Vaya, hasta te sentiste como Robin en ese meme de Batman.

-¡Ya te dije que te calmes! ¡Babosa! ¡Cómo pretendes escribir en tu blog si ni siquiera sirve tu maldita computadora!

¡Ah!!! O sea que los de la CFE están buenos para cortar el suministro eléctrico si te retrasas un día con el recibo (saluditos a Carlos Slim, quien en exactamente quince días cortará mi línea telefónica para “recordarme” que tengo ciertas obligaciones de por vida con él), pero no para reparar el motor de tu refri o la compostura de tu módem que se derritió en la última tormenta. Neto que se derritió, lo juro, es literal que el estúpido aparato tiene un mega agujero en la cubierta de plástico.

Lo bueno es que tenías a la mano tu super lámpara de emergencias marca Enrique Peña Nieto, sí, justo esa que el entonces candidato te obsequió (aunque no en persona, buuu) junto con un miserable botiquín de cartón adornado con dos fabulosas aspirinas y unas cuantas vendas, por aquello de las pedradas que luego te tocan en la chamba y el consiguiente dolor de cabeza, ¿no?

Esa lamparita, tan útil como resulte en casos como ese, sólo te hace recordar cierta cuestión que llevas tres años tratando de olvidar:

¿cuándo será el día que un partido político -o varios- te regale una mugrosa despensa?, ¿una tarjeta electrónica para comprar chucherías? ¿CUÁNDO? ¿A qué candidote debes venderle tu alma para comer bien aunque sea durante tres días? ¡Ni una torta caduca, caray!

Tu módem apagado y derretido te recuerda la vez que marcaste a Telmex para reportarlo, a la espera de que te lo cambiaran pronto prontísimo para evitar un incendio…

…pero eso lo contarás en tu siguiente entrega, porque esta columna la acabas de escribir de contrabando en tu oficina. ¡A ver si ya te compras una compu nueva para que te quejes con razón cuando alguien no pague la luz!

Por cierto:

El milagro más importante que te concedió San Judas Tadeo fue que en menos de doce días desenredó el cordón umbilical del cuello de tu hija Aranza, luego de que la pobre lo trajo así durante tres meses. Terminaste en cesárea de emergencia de todas formas, pero al menos no tuvieron que traer a tu hija al mundo con semanas de anticipación.

Por eso y muchas cosas más: ¡GRACIAS!!!

@todomepasa

Cumpleaños de Héctor Juárez Lorencilla


Mañana es cumpleaños del papá de Aranza, del hombre del que me enamoré hace ya 23 años, el único por el que dejé casa, ciudad y familia para juntos formar un hogar, hogar que hoy compartimos con nuestra hermosa bebé de ocho meses.

Ha sido fantástico aventurarnos en esto de ser padres, a cuidar a una niña de la que prácticamente no sabíamos nada a pesar de que la empezamos a conocer ocho meses antes de que naciera, amén de los cuatro años que estuvimos planeándola y fantaseando con ella. Ha sido maravilloso desvelarnos juntos, los primeros días en que él preparaba un biberón con leche tibia mientras yo consolaba a la pequeña llorona. Sigue siendo gran motivo de ardua planeación el recibir a la abuela Blanca y a la abuelita Lupe cada que vienen a visitar a Arancita cada tres semanas.

No deja de sorprenderme esa versatilidad en la cocina, la aptitud para crear un delicioso platillo con unos cuantos ingredientes comunes.

Y no dejo de agradecer por ser parte de tu vida y que tú seas fundamental en la mía, que seas quien me acompaña cada día, quien camina cuarenta minutos de ida y otros cuarenta de vuelta solamente para comer conmigo. Llegar a casa y pasar por nuestra nena, turnarnos para cargarla mientras cenamos, ver series policiales, platicar, hacer bromas tontas y otras bíblicas (“el que tenga uñas para arañar, que arañe”)…

Héctor Juárez Lorencilla:

Gracias por ser el mejor padre, un gran esposo, una de las mejores personas que conozco y con quien espero estar por el resto de mi estancia en este planeta.