También los muertos

TAMBIÉN LOS MUERTOS



Jéssica de la Portilla Montaño.




También los muertos se cansan de habitar cementerios
de la condena vacía del recuerdo ajeno

Van por ahí sin ojos ni oídos
eligen un rumbo pero da lo mismo
toman caminos y pasan corriendo
esquivan con espanto a cualquier otro muerto.

Hay que tener cuidado con ellos.

También se cansan de hacer nada a diario
de deambular entre clínicas y casas de antaño
se creen especiales por no ser quienes fueron
se creen importantes por ostentar epitafio

Las crónicas privadas los mencionan por azar:
fueron personas normales, con uno o dos sueños
creyeron que su juventud iba a cambiar el universo
que su ilusión impediría que sucediera lo malo

Aún existen encerrados en cualquier día eterno
despiertan de madrugada para esperar el ocaso
lloran por sus vivos hasta olvidar quiénes fueron
lloran por sus muertos hasta que amanece el verano.

Es hora de dormir aunque sea un rato.


Descansemos…

Golpes de mala suerte



Es inevitable que termine otro año y uno piense en los motivos que tiene para sentirse agradecida.

Pensar, por ejemplo, que hoy no estaría feliz de la vida viviendo en León con mi esposo si hace ya cuatro años y medio no me hubiera quedado sin la chamba en que mejor me han pagado. Tuve suerte de que la persona con que trabajaba ahí no haya querido tener nada serio.

Y, por supuesto, suerte de que el novio con quien perdí mi tiempo entonces resultase peor de lo que yo recordaba. Justo un día después de que terminé esos tres años de tortura, zas: aparece en mi bandeja de comentarios de blog un mensajito de ese profe de secundaria invitándome a conocer esta hermosa ciudad.

Nada más de pensar que si yo hubiera seguido en mi superchamba, si mi ex hubiese sido una fina persona, si el otro intento de galán se hubiera dado color… ¡Ah!, y si “el amor de mi vida” de la adolescencia no se hubiera casado sin avisar. Dicen que por algo pasan las cosas, y esos golpes de aparente mala suerte me hicieron llegar al lugar donde hoy vivo feliz y tranquila, donde las cosas que antes me obsesionaban han pasado a último plano.

Yendo un poco más atrás, no deja de causarme gracia esa otra persona que me escribió no recuerdo cuándo para felicitarme “por mi nuevo trabajo”, pero que por supuesto no ha dicho nada con respecto a que ahora seré mamá con alguien que no es él. Ja, ja ja. Recuerdo bien aquella vez que íbamos con otro compañero, y dijo su primera frase célebre sin la menor pena:

-Es que me urge embarazarte, nena.

…y yo de seee, ajá, deja voy comprando los pañales de una vez, ¿no?

Quién sabe cuánto tiempo después de eso me salió con su segunda frase jocosa, acompañada de su clásica risa molesta:

-Yo nunca dije que iba a casarme contigo, nena.

…y ahora que lo pienso con detenimiento y viendo cómo ha resultado mi vida, sólo puedo pensar en decirle:

¡GRACIAS!!!

En serio: gracias por tus citas citables, te agradezco tanto que me hayas dejado en claro tus intenciones a tiempo. ¿Qué habría sido de mí si sólo hubiese escuchado la primera frase y estuviera ahora con un chamaco de nueve o diez años?

¡NOOO!!!

A principios de este 2014 me contactó por correo este señor luego de casi seis años sin -gracias a Dios- saber nada de él. De buenas a primeras me mandó un mensaje larguísimo sobre “el 19 de marzo” de yo no sé qué año, en que no sé qué haya pasado porque no dijo de qué iba el asunto, sólo que cada 19 de marzo recuerda eso así como guau. MHHH, mil veces peor que esas cartas llorosas “que nunca le daré” que escribía en mis insomnios, pero yo tenía apenas quince años de edad, . Guardé ese correo para reírme y seguirme riendo hasta que me aburrió y lo borré.

Gracias a Dios los avances de la ciencia me han hecho olvidar la mayor parte de las estupideces que he vivido, y más que un 19 de marzo recuerdo un 20 ó 21 en que recibí una llamada de cierto pelón vigoréxico que me costó un automóvil nuevecito: que se iba a suicidar y casi casi que fuera a rescatarlo, y ahí fui sólo para ver que él estaba en una fiesta en la cual, por supuesto, me quedé un rato. Una de tantas historias sin importancia que con gusto contaría completas si no me dieran tantísima hueva.

Luego de eso, nada: por fortuna hoy puedo agradecer por las personas que están conmigo, pero sobre todo por las que se alejaron. Agradezco por mi mamá que no se la acaba por la pequeña Aranza, y por mi abuela que ha ido recuperando la salud. En estos veinte años hubo al menos un ser en el universo que sigue aquí, de forma intermitente y a medias, pero bastan una o dos líneas para que aparezca y me regale una dosis de alegría.

Y ya: el bebé que patea mi panza, y mi esposo. No necesito más.

Sapal y sus… sapaladas: fuga de litros y litros de agua potable



Mientras escribo esto, cientos o tal vez miles de litros de agua potable se están desperdiciando en la casa de enfrente. 

No porque hayan puesto su alberquita de plástico, o porque estén lavando la banqueta (nefasta costumbre altamente extendida en León) o el auto a manguerazos. 

En realidad no sabemos por qué demonios o de dónde se está tirando el agua, ‘ora sí que yo llegué de mi consulta de con la nutrióloga del IMSS (por fortuna no estaba la regañona… A estas alturas ya parezco Kim Kardashian con embarazo pero sin lana) y de pronto escuché que caía el chorro de agua. 

Me asomé como buena vecina metiche que he aprendido a ser aquí, jaja, porque escuché a otras vecinas. Y total que se está tirando el agua desde el techo de la casa, quién sabe si del calentador o del tinaco o lo que sea. 

Y, por supuesto, no hay nadie. Marqué por teléfono a los números de la dueña del hogar, y nada, no quedó más que dejarle dos mensajes de voz.

Total que hice una llamada a Sapal (Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León) para reportar la fuga, y ta tan: 

¡QUE NO PUEDEN HACER NADA!!!

Sí, tal cual: que no pueden entrar a la fuerza a la casa, obvio, que eso sólo la Policía o Protección Civil.

-Bueno. ¿Y si cortan el agua?

QUE TAMPOCO SE PUEDE.

O seaaa, que alguien me explique por qué demonios sí están buenos esos de Sapal para venir a cortarte el agua cuando se te pasa la fecha del pago por uno o dos días, y aunque te vean con tu panza gigante. 

Pero ahhh, no pueden venir y cortar el agua en un domicilio donde se está tirando a chorros porque los dueños andan en sus respectivas escuelas y oficinas.

¿O sea que Sapal sólo está para cobrar?, ¿para venir y dejarte sin agua si no pagas por un día? Pero nooo pueden hacer nada para impedir una fuga de cientos de litros, qué padre, así como tampoco hacen mucho que digamos para evitar las inundaciones en tiempos de lluvia (y todavía los trabajadores te piden pa’l chesco cuando dizque desazolvan).

Si ALGOOO me molesta en este maldito universo es que se desperdicie agua, ya sea porque la gente es idiota y no sabe que la banqueta no se “barre” con una manguera abierta, o porque los ENCARGADOS de cuidar el agua “no pueden hacer nada”. 

Tan simple que sería que vinieran a cortar el agua de mi vecina para que al menos “sólo” se tire la que tengan ahorita almacenada en tinaco y tuberías, pero no. “NO SE PUEDE HACER NADA”.

En fin, lo bueno es que León es bien verde, uuuh no inventes, aquí no hay nada de aridez, es el ejemplo de una gran ciudad ecológica con muuuchos árboles y cero basura en las calles porque la recogen a diario (…) y la gente es tan limpia que jamás dejaría sus sillones abandonados en los campos baldíos que de lindos hasta parecen bosques.

¡ARRRGGG!!!