¡…Aranza!

La semana pasada tuvimos nuestro ultrasonido. Ahora no te moviste tanto como hiciste hace un mes, pero te tomaron video (llevamos dos) y un par de fotos donde se ve perfectamente tu carita.

De hecho, ya está definido todo en ti. He estado siguiendo en distintas páginas de internet tu desarrollo, y al parecer tiene tiempo que te formaste completamente, que la mayor parte de tus órganos (excepto los pulmones) quedaron listos y más que funcionales para cuando nazcas.

Se supone que ya me escuchas, que mi voz te llega a través de mis huesos (eso me recuerda cierta broma que una amiga pianista me hizo con un diapasón), y que el resto de los sonidos te llegan amortiguados. Se supone que también escuchas mi corazón, la sangre que fluye por mis venas y los diez kilos de comida que por tu culpa consumo a diario.

Ahora sólo estoy dándote los últimos retoques: las cejas (espero que tengas las de tu papá, así no tardarás horas en arreglarlas), las pestañas (ojalá tengas las mías, obviamente), el vello corporal llamado lanugo y tu hermosa melena (…da lo mismo de quién la heredes: vas a parecer una pequeña Mufasa, como me decían ciertas tontas en la prepa, aunque con doble cantidad de rizos no hidratados).

En tu foto más reciente, misma que adorna mi fondo de escritorio, parece que estás dormida, con tu manita derecha agarrando el cordón umbilical. O algo así, no sé, es medio raro esto del ultrasonido 4D. Sales de perfil, con tu naricita respingada (espero que tengas la de tu papá o la de tu abuela Blanca), tus mejillas, tus labios que algún día maquillarás.

…porque, según el doctor, hay un noventa por ciento de probabilidades de que seas niña. Dijo lo mismo la ocasión pasada. No sé por qué casi todos en la familia desean una niña si somos más frágiles, nos rompen el corazón con tanta facilidad. Por mí puedes ser lo que gustes mientras vengas bien fuerte, sana (o sano) y con hartas ganas de ser muy feliz.

Publicado por

Jéssica de la Portilla Montaño de Juárez

De vez en cuando reapareces. Esperas a que esté distraída, me acechas como un recorte amarillo que no sé de dónde saqué y entonces reapareces, sólo en ciertas ocasiones, precisamente cuando creo ya no extrañarte, me acompañas por breves instantes y de inmediato te disuelves, te haces espuma callada... Puede que siempre estés ahí y yo ni siquiera te note.

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