Cuarto aniversario


Hoy hace cuatro años, viernes por la mañana, tomé mi mochila con ropa para tres días y una bolsa, caminé cinco cuadras sobre Avenida Taxqueña hacia la Central de Autobuses del Sur, entregué mi boleto y subí al transporte que me trajo a León. Diría que me trajo y ya no regresé, pero en realidad una semana después estaba de regreso en casa de mi mamá para que mi familia conociera a Héctor, hoy mi esposo, y para recoger mi ropa. 

Así fue como de buenas a primeras terminé viviendo en “la ciudad de las nubes”. Cuatro años después he echado raíces en un lugar que me encanta a pesar de algunos males menores (el relajo que últimamente se traen con la basura, la falta de cultura del agua, la gente que no te saluda aunque te vea diario) que se compensan viviendo en un lugar más  tranquilo que el DF, con un perro enano que ya tiene a su hermanito y con muchos planes para el futuro.



Hoy cumplo cuatro años viviendo en León, cuatro años de novia del amor de mi vida, cuatro años de haber dejado definitivamente la casa materna y la ciudad contaminada que me vio crecer. No extraño lo que dejé atrás, sólo a  familia pero para eso hablamos diario a través de internet.

Jéssica de la Portilla Montaño de Juárez

De vez en cuando reapareces. Esperas a que esté distraída, me acechas como un recorte amarillo que no sé de dónde saqué y entonces reapareces, sólo en ciertas ocasiones, precisamente cuando creo ya no extrañarte, me acompañas por breves instantes y de inmediato te disuelves, te haces espuma callada... Puede que siempre estés ahí y yo ni siquiera te note.

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