Gabriel García Márquez, el Gabo, deja Macondo y la Tierra

Gabriel García Márquez, el Gabo, deja Macondo y la Tierra

Gabriel García Márquez.
Gabriel García Márquez.

Mis compañeros periodistas dicen que es parte de los gajes del oficio. De este oficio que Gabriel García Márquez también ejerció. Es gaje del oficio el que muera alguien que te importa, muere justo el día que te toca descansar.

Supongo que así te ahorras el tener que leer una actualización tras otra en las agencias. No te enteras sino de la última versión impresa o en línea. Mientras sucede algo hay tantas versiones, muchas de ellas contradictorias.

Dicen que Gabriel García Márquez dijo que el periodismo es el oficio más bello del mundo.

Desde la semana pasada le estábamos dando seguimiento a la salud de Gabriel García Márquez, el Gabo. Fue Premio Nobel de literatura nacido en Colombia y radicado en México. Estuvo hospitalizado por problemas respiratorios apenas hace unos días. Y se sorprendió mucho al leer en las noticias que medio mundo estaba al pendiente de él. “Están locos, que se vayan a trabajar”, dijo sobre los reporteros. Muchos esperaban afuera de la clínica alguna declaración de su hijo o de su chofer.

Finalmente pasó hoy, en mi cuarto día de descanso por Semana Santa, precisamente hoy que nadie trabaja en el periódico y que por ende no saldrá la edición impresa.

Así es: falleció el autor de Cien años de soledad, novela que me leí en cuatro días (¿o fueron dos?). Era uno de los libros obligatorios en el último año de prepa. El que más me gustó. La edición que leí tenía atrás un árbol genealógico con los personajes. Y ahí estaba yo, tachando un nombre repetido tras otro.

Descanse en paz Gabriel García Márquez.

 

De él también leí El amor en los tiempos del cólera, misma estructura que Cien años de soledad. Y algunos cuentos en la Escuela de Escritores de México. Recuerdo en especial uno sobre el rastro de la sangre en la nieve. Seguro leí más títulos de él, pero me falta darles una repasada.

Publicado por

Jéssica de la Portilla Montaño de Juárez

De vez en cuando reapareces. Esperas a que esté distraída, me acechas como un recorte amarillo que no sé de dónde saqué y entonces reapareces, sólo en ciertas ocasiones, precisamente cuando creo ya no extrañarte, me acompañas por breves instantes y de inmediato te disuelves, te haces espuma callada... Puede que siempre estés ahí y yo ni siquiera te note.

Deja un comentario